En mi época de estudiante púber, era habitual que cuando no te sabías la lección divagases sin decir nada sobre cualquier pregunta del examen. No valía para nada, pues los profesores de aquel tiempo, lo veían y sabían la razón de tal cúmulo de palabras huecas; en todo caso, te daban algún punto por la forma de expresarte o de inventar desde la nada o la nadería, aunque siempre, y como máximo, hasta suspenso.
Ahora, los profesores de los políticos, que son los votantes, hasta dan aprobados y notables al refrendar con su voto respuestas que ni siquiera tienen valor expresivo o inventivo.