Cien ciudades europeas en 1854: cuando Dublín casi igualaba a Madrid
La Europa de mediados del XIX aún vivía de espaldas a la revolución industrial fuera de Inglaterra. Una lista de las 100 ciudades con más habitantes en 1854 deja varias sorpresas y, sobre todo, enseñanzas sobre lo engañosas que resultan las cifras si no se pone la lupa en los criterios de recuento.
Llama la atención, por ejemplo, que Dublín tuviera solo 6.000 habitantes menos que Madrid. En una época en que el Reino Unido ya era la potencia fabril, la capital irlandesa –puerto y centro administrativo– competía con la corte española. También choca ver a Cádiz en el puesto 84, testimonio de un puerto que fue clave en el comercio colonial pero que ya iniciaba su declive.
La lista viene con trampas. Como señalan varios análisis, los límites administrativos de 1854 no coinciden con los actuales: Alemania no era un Estado unificado, Buda y Pest eran dos ciudades, Bucarest era parte de un principado otomano. Además, las fuentes mezclan términos municipales con núcleos urbanos, lo que hace imposible una comparación directa.
Un caso paradigmático es Barcelona. Según la lista, la ciudad condal tenía unos 160.000 habitantes, pero esa cifra corresponde exclusivamente al recinto amurallado –lo que hoy es Ciutat Vella–, que en la actualidad apenas supera los 100.000 censados. Es decir, que en un espacio muchísimo más reducido se apiñaba más gente que hoy. Y sin edificios de más de cuatro o cinco plantas, porque el ascensor apenas se había patentado y la construcción en altura era excepcional.
La Roma imperial, que llegó al millón de habitantes, aparecía en el ranking con 170.000. El peso de las ciudades andaluzas (Sevilla, Cádiz, Granada) había caído notablemente desde el siglo XVI, mientras Málaga empezaba a despegar. En conjunto, el mapa urbano de 1854 reflejaba un continente en transición, donde las viejas capitales políticas aún resistían pero los puertos industriales ya marcaban el pulso. El dato que descoloca: solo dos ciudades superaban el millón de habitantes –Londres y París–, y una de ellas por los pelos.