El hilo del 11-S afronta el 25 aniversario entre cálculos y fotos
Un tramo largo, y sin embargo el eje vuelve siempre a los mismos dos sitios: el montón de escombros y la hora de los vuelos. A partir de ahí cada participante tira del hilo que más le conviene: unos hacia las cifras, otros hacia las capturas de pantalla. Antes de que el hilo del 11-S llegue a su aniversario se suman varios foreros nuevos que desplazan la conversación hacia el Pentágono, hacia el pandeo del acero y hacia los documentos de política exterior de los noventa.
Qué se ha sabido
Un cálculo que se repite en este tramo: si cada una de las torres pesaba 200.000 toneladas y una tonelada ocupa aproximadamente un metro cúbico, serían 200.000 m³ de escombros por torre. Divididos sobre la huella de 4.000 m², la pila resultante rozaría los 50 metros, unos dieciséis pisos. Pero los restos no se apilan sobre la huella, sino repartidos alrededor: sobre un área entre nueve y diez veces mayor, la altura media bajaría a unos cinco metros, dos pisos. Quien hace la operación aclara que es una aproximación sin decimales y no una medición precisa.
En el terreno del polvo, un participante aporta que ese material incluía 400 toneladas de asbesto, con enlace a una página sobre el amianto, y señala que afectó a miles de personas que no estaban cerca del complejo. Es el mismo forero que registra la extensión del polvo y su reparto por los alrededores.
Sobre el comportamiento del acero, un recién llegado afirma que el NIST no logró pandear columnas en sus ensayos, que la temperatura que alcanzó el núcleo es sólo una estimación y que la torre sur se vino abajo tras apenas 56 minutos de fuegos activos en algunos pisos. Señala además que el acero se envió a fundir como chatarra rápidamente.
En el capítulo documental, aparecen citas del Statement of Principles del PNAC, publicado a primeros de junio de 1997, y del discurso de George Bush padre del 11 de septiembre de 1990. El mismo tramo recuerda la detención, el día del atentado, de cinco israelíes que trabajaban para una empresa llamada Urban Moving Systems, con dos enlaces. La respuesta llega con estadística: el 6,5% de los miembros del Congreso estadounidense son judíos y el 87% se declaran cristianos.
En la discusión sobre los vuelos, se comparan precios de un Boston–Los Ángeles consultado en booking.com para el 11 de septiembre de 2025 —jueves— frente al martes de 2001, y se concluye que a las 11 de la mañana el billete costaba lo mismo que a las 7. Y en el frente del Pentágono, se piden las imágenes que el propio FBI publicó sobre el impacto y se pregunta dónde está el agujero en el segundo anillo.
Las posturas
Una parte sostiene que la hora del ataque demuestra un auto-atentado: si el objetivo hubiera sido matar al máximo, habrían elegido vuelos de media mañana, cuando las torres estaban más llenas, en lugar de impactar a las 8:45. La respuesta enumera motivos para lo contrario: los vuelos tempranos de costa a costa iban medio vacíos, salían más puntuales, tenían menos riesgo de retraso o cancelación y cargaban más combustible para el incendio posterior. Un participante añade que en el sector financiero neoyorquino se entra a las 8 o antes, de modo que la torre no estaba precisamente vacía.
El segundo choque, y el más largo, es el de los escombros. Quien exige imágenes afirma que no existe una sola foto de una pila consistente con dos edificios de ese tamaño, y repite que las torres tenían 140 pisos. La otra parte responde primero con búsquedas de imágenes y después con la operación de volúmenes y superficies. El cálculo arroja dos pisos de altura media. El dato de los 140 pisos se convierte en el eje del reproche: no sólo no hay foto, se repite, es que no se sabe ni cuántas plantas tenían los edificios.
De ahí salta el pulso sobre si las torres «se pulverizaron». Un forero sostiene, sin aportar pruebas, que se empleó un arma no reconocida oficialmente capaz de convertir los edificios en polvo, y que la nube tuvo un comportamiento anómalo porque ascendió en vertical. Enfrente se responde que el polvo se explica por el propio derrumbe, que el viento hace el resto y que comparar dos fotos con ángulos distintos no demuestra nada. El tono se degrada por ambos lados y varios intervinientes se bloquean entre sí.
Entra también un forero que se declara ni oficialista ni conspiranoico y reclama «duda razonable» sobre el informe de la comisión, y un participante que defiende que un avión comercial es frágil —un impacto de pájaro puede dañarlo— para rebatir la idea de que un Boeing no podía tumbar un edificio. La contestación es física elemental: en una colisión pesan la velocidad, la masa y la energía, no sólo el material.
Lo que cambia respecto a antes
Este tramo rompe el cuerpo a cuerpo de las primeras páginas: se incorporan varios foreros que aportan datos —amianto y extensión del polvo, pandeo del acero, imágenes del Pentágono— y el debate se reparte en frentes. El asunto del aniversario se instala de lleno: un participante augura que «dentro de un mes más o menos se volverá a abrir el melón» y otro pregunta si este año, por fin, aparecerá un relato alternativo coherente. Irrumpe además un frente nuevo, el del PNAC y la política exterior estadounidense de los noventa, que hasta ahora no había ocupado el hilo, y llega acompañado de una acusación sobre una supuesta autoría israelí, que otro participante contesta en el acto con cifras.