Solo las enfermeras suben al grupo A1: entre el 15% y el 20% más
La enfermería española abandona el grupo A2 y se instala en el A1. La jugada se traduce, según los cálculos que se manejan en el debate, en una subida de entre el 15% y el 20%, y la cobran ellas y solo ellas. El resto de categorías que arrastran idéntica clasificación desde la reforma de Bolonia no ven un céntimo extra. La brecha entre el relato y la nómina deja una pregunta incómoda: ¿por qué este cuerpo y no los demás? Lo que sí ha cambiado es el ambiente: la reclamación llevaba sin atenderse desde 2011.
¿Por qué las enfermeras pasan al grupo A1 y no el resto de categorías?
El argumento oficial se apoya en Bolonia. La convergencia europea convirtió la diplomatura de tres años en un grado de cuatro, con
240 créditos. Enfermería los cumple, y por eso reclama el A1. El problema es que no es la única.
Miles de titulados con grado de enfermería siguen sin categoría A1, a diferencia de otros grados como Psicología, donde sí se reconoce esa categoría. La reforma igualó diplomaturas y licenciaturas sin tocar los sueldos, y dejó un agravio comparativo que nadie arregló. Hay quien sostiene que lo razonable habría sido reorganizar todos los grupos a la vez, creando categorías nuevas antes que privilegiar a un lobby concreto. La letra pequeña aprieta: si el título de cuatro años basta para el A1, la misma lógica empujaría a subir de grupo a todo funcionario con grado. La
chapuza sería entonces doble.
Cuánto gana una enfermera en España: de 27.000 a 37.000 brutos
Los datos que circulan dibujan un abanico amplio. Una enfermera del Sergas de unos 50 años en un municipio de 20.000 habitantes declaró
37.000 euros en 2023. En un hospital privado de una de las dos grandes ciudades gallegas, una profesional de 30 a 35 años se quedó en
27.000. En Cataluña, una enfermera sin plaza estable llegaba a 2.200-2.400 netos al mes más dos pagas dobles superiores a 3.000, según otro testimonio.
El sueldo base ronda los 33.000 euros de media entre comunidades, según el cálculo que se maneja en el hilo. Pasar al A1 añade unos
5.000 euros brutos al año. Faltan complementos, trienios, carrera profesional y guardias, que son los que terminan de decidir cuánto entra en nómina. En sanidad, la diferencia entre tener plaza o no es
brutal para cualquiera de esos números.
Médicos y enfermeras: la brecha salarial que se estrecha
España es el país donde la distancia entre lo que cobra un médico y lo que cobra una enfermera es más corta. En Estados Unidos la relación llega a 4 o 5 a 1; en Francia se mueve entre 2,5 y 3 a 1. Aquí se queda por debajo, y la subida al A1 la recorta aún más.
La comparación con jornada y responsabilidad deja mal cuerpo a una parte de los médicos. Un facultativo cuenta
256 horas mensuales obligatorias, 115 de ellas por guardias, a 11 euros brutos la hora localizada y el doble en festivos, sin librar al día siguiente. En farmacia hospitalaria, una guardia telefónica —que muchas veces ni se descuelga— se paga entre 600 y 1.000 euros en ciertos festivos. El cálculo completo, sumando turnicidad y solapaje, es el que de verdad separa unas nóminas de otras.
El efecto dominó: los médicos reclaman el grupo A1+
La reacción no se hizo esperar. Desde la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) se pide una clasificación
A1+ (A plus) que reconozca la diferencia, junto a un estatuto propio que recoja competencias exclusivas del médico. El temor de fondo es una cascada: si sube enfermería, el resto de diplomados escalará posiciones.
Algunos análisis ven en la medida un acelerador de la fuga de profesionales; otros recuerdan que hay gente con guardias mucho peores en sectores menos valorados y cobrando menos de 1.500 euros. La pulsión igualadora tiene precedente: una consigna atribuida al PSOE de 1982 prometía no descansar hasta que el médico llevara alpargatas.
Emigración y presión sindical: el relato de la fuga
El relato de la enfermera que se va al extranjero tiene menos volumen del que sugiere el ruido. Según los propios sindicatos,
el 3,6% de las tituladas había emigrado en 2023, una cifra casi anecdótica sobre el total. En Noruega, una enfermera cobra entre 50.000 y 64.000 euros, pero el
salario medio del país ronda los 64.000: queda en la media o por debajo.
El cálculo más optimista mira el salario absoluto; el pesimista descuenta el coste de vida y la distancia. Un sueldo de 6.000 euros lejos de casa compite con 3.000-3.500 en el
terruño. Pero anunciar que uno se va, aunque no se vaya, funciona: presión de manual.
¿Subida de sueldo o más deuda?
La letra grande es quién la paga. La sanidad pública se sostiene con impuestos, y elevar el gasto fijo de personal no sale gratis. Hay quien lee el gesto como una señal de que se seguirá endeudando; hay quien responde que la factura se reparte entre todos los votantes. Y una parte del análisis ve en el movimiento un nuevo capítulo del crecimiento de la estructura funcionarial a costa de autónomos y asalariados privados.
El punto exacto donde la cuenta se atasca: nadie discute que la enfermera cumple los 240 créditos, pero nadie explica por qué ese criterio vale para ella y no para el ingeniero o el fisioterapeuta con la misma titulación. Mientras esa cifra no cuadre, cada nueva categoría será un parche sobre el anterior.