Hacienda, desde Montoro (no olvidemos tal cosa o a tal ser que lo terminó de instaurar), se ha convertido, además de un sistema de control en un sistema de coacción directa o de confrontación efectiva, más eficaz que las bowling de goma o un juez del constitucional.
Es evidente, para alguien con dos neuronas, que no vivimos en un estado de derecho, ni siquiera sin derechos... vivimos en un estado de deshecho. En un país, ya, en vías de subdesarrollo.