Piden a la EMA suspender las vacunas covid y la agencia responde
El 4 de octubre de 2023, un grupo de diputados del Parlamento Europeo remitió una solicitud formal a la Agencia Europea de Medicamentos: suspender de inmediato las autorizaciones comerciales de Comirnaty, la vacuna de Pfizer, y Spikevax, la de Moderna. Dos semanas después llegó la respuesta por escrito del regulador europeo. Y en el contenido exacto de ese intercambio —en lo que dice y en lo que calla— está el verdadero campo de batalla: la distancia entre lo que se puede probar y lo que solo se puede insinuar.
¿Qué pidieron los diputados a la EMA y qué contestó la agencia?
La petición formal exigía la retirada temporal de las vacunas COVID-19 de Pfizer y Moderna hasta que se aclararan determinadas dudas. La agencia contestó por escrito dos semanas más tarde. Lo que contiene esa respuesta se interpreta de mil maneras: hay quien la lee como un reconocimiento implícito de fallos y hay quien sostiene que no altera nada, porque los reguladores mantienen que la seguridad y la eficacia de los preparados están respaldadas por la evidencia acumulada.
La afirmación que circula sin respaldo oficial
Se difunde un mensaje según el cual la EMA habría reconocido ante el Parlamento Europeo que nunca autorizó las vacunas para el control de infecciones y que los primeros lotes eran extremadamente tóxicos. Conviene ser preciso: no se ha aportado ninguna comunicación oficial de la agencia que sostenga literalmente esa afirmación, y las autoridades sanitarias defienden de forma sostenida la eficacia y la seguridad de los fármacos. Es la diferencia clásica entre un documento y un titular. Un tuit no es una autorización, y una pregunta parlamentaria no es un reconocimiento.
¿Los testimonios de fallecimientos prueban algo?
Buena parte de la discusión la ocupan relatos de casos concretos: hombres de entre 35 y 60 años fallecidos de forma súbita, infartos, ictus, tumores de aparición rápida. Se cuentan como testimonios de lo que cada cual ve en su entorno, no como series estadísticas. El problema metodológico salta a la vista: la coincidencia temporal de un fallecimiento con una campaña de vacunación masiva no establece por sí sola una relación de causa. En sentido contrario también se citan personas de más de 90 años con cinco dosis a la espalda y en perfecto estado. Con anécdotas de un lado y de otro no se cierra ninguna conclusión.
El acceso a los datos oficiales: el reproche más sólido
Donde el desacuerdo es más difícil de rebatir no es en los efectos, sino en la información. Se sostiene que no existe un conjunto de datos oficial, desglosado y verificable sobre efectos adversos, y que solicitarlo por los portales de transparencia de la UE resulta imposible en la práctica. Ese reproche no pertenece a un solo bando. La farmacovigilancia existe, pero la sensación de que las cifras están fragmentadas alimenta la desconfianza tanto como cualquier bulo. Se cita incluso un documento en el que se reconocerían 12.000 muertes directas en Europa, cifra que quien lo esgrime eleva a un 1% del total real.
La carta de los médicos críticos y el argumento de autoridad
Frente a los documentos institucionales se citan cartas firmadas por profesionales sanitarios críticos, alguno de ellos procedente de especialidades ajenas a la inmunología. La objeción que se les lanza es de proporción: cinco firmas no neutralizan el criterio de las agencias reguladoras. Y el argumento se devuelve: tampoco neutralizaba nada el mensaje contrario, el que prometía que los no vacunados iban a caer como moscas. Las dos exageraciones alimentaron el mismo incendio y dejaron a la población sin brújula.
Sin dimisiones, sin investigación, sin seguimiento
A pesar del volumen de la polémica, no consta que el asunto haya generado dimisiones, investigaciones oficiales ni un seguimiento de los posibles afectados. Ese silencio se lee de dos maneras incompatibles: como prueba de que no hay nada que investigar, o como prueba de que existe un filtro mediático que decide qué se amplifica y qué se entierra. Las peticiones llegadas desde Bruselas no han tenido eco en portadas, que sí reservaron espacio generoso a otras consignas. La asimetría, dicen, es el dato.
El porcentaje que no se pinchó
Una parte de la población exhibe su condición de no vacunada como una medalla. Se manejan cifras en torno al 20% sin dosis, aunque no se ha aportado un recuento oficial desglosado. La discusión se desplazó pronto al terreno de la moral: qué se exigió a quien no se vacunó y qué se le debe ahora. Sin respuesta, y con la sensación de que ese capítulo quedó cerrado en falso.
Con las autorizaciones todavía en pie y el debate sobre los datos sin resolver, la pregunta que nadie contesta del todo es sencilla: si la evidencia es tan contundente, ¿qué impide publicarla completa y en abierto?