Arrasar la Casa de Campo y pedir la fuente: 40 mensajes en un día
El tramo arranca y el hilo se va directo al suelo. Un participante propone arrasar la Casa de Campo y levantar bloques de 25 plantas bien apretados. Otro sigue hacia el norte y pide arrasar hasta el puerto de Navacerrada. Otro suma El Pardo y las riberas del Jarama y el Manzanares hasta Aranjuez. En una hora larga, el derribo de media región ya está repartido por turnos. Nadie discute cómo se entra. Discuten cómo se hace sitio.
A media tarde alguien cuelga
. El vídeo no mueve el eje. Y a última hora, dos palabras cortan el rollo:
Fuente y tal..Qué se ha sabido
Poco, y lo poco que hay lo pone la gente. Son
40 mensajes en un día, el
28 de septiembre de 2026, y las cifras que aparecen son de foro, no de boletín oficial. Los
6 millones se repiten una vez, con énfasis: ni 5 ni 10. El único número con nombre detrás es el de un Madrid de
9-10 millones de habitantes, que un participante atribuye al analista Díaz Villanueva para competir con París y Londres. Es el único nombre propio con dato del tramo.
Lo demás es aritmética de sobremesa: 100 millones de pisos para alojar a 1000 millones de personas, 500 millones de bloques sobre los bosques y las praderas, un «ojalá sean 20» y un «¿y por qué no 200?». El agua vuelve con un cálculo concreto: un año hidráulico malo pondría contra las cuerdas al país con los
50 millones de residentes actuales. El transporte, con otro: autovías de dos o tres carriles con baches y un tren de larga distancia a
600 km/h con estaciones a 10 kilómetros del núcleo urbano.
Nadie aporta documento. Alguien pide la fuente y se queda sin ella.
Dónde está la bronca
Dos frentes y una pelea de fondo.
El primero es quién tiene la llave. Un bloque sostiene que las competencias de fronteras, extranjería y expulsiones son del Gobierno central, así que la presidenta madrileña no trae ni deja entrar a nadie, quiera o no. La respuesta no le discute la competencia: le discute la influencia. Siendo la figura más relevante de la oposición, lo que dice y lo que hace empuja la puerta en una dirección u otra. Ninguno de los dos bandos enseña un papel. Uno tira de una comparación con el covid; el otro, de preguntas retóricas.
El segundo frente es el suelo. Aquí sí entra un argumento nuevo: un participante sostiene que lo que sobra son los espacios protegidos, entendidos como un pacto entre el Estado y el capital que se queda el medio rural para macroindustria, turismo de masas y usos militares, y que empuja a la población a hacinarse en las ciudades. La respuesta llega en tres mensajes: a más gente y menos suelo, no hay dónde construir.
Y en medio, el choque que no va del tema. Un participante dice que el problema del país es la educación y la falta de matemáticas. Le contestan con una pregunta retórica sobre su cociente intelectual. El hilo se enfría dos mensajes y vuelve a lo suyo.
Por debajo corre la discusión de siempre:
que paguen los ricos y las grandes empresas contra la respuesta de que este es un país increíblemente estatista en el que casi nadie se replantea nada. Ahí no hay pelea, hay dos monólogos puestos uno al lado del otro.
Qué cambia respecto a antes
Que ya nadie discute la cifra. Nadie pelea por si son seis, ni cinco, ni diez. Se pelea por lo que viene detrás: agua, deuda, transporte, suelo, y una acusación que cruza el día entero. Unos sostienen que quien tiene la llave no la usa. Otros, que la presidenta madrileña facilita con su discurso que esa puerta siga abierta, y que sus convenios con asociaciones hispanas y la financiación de matrículas equivalen, en la práctica, a traerlos. Todo atribuido por quien lo dice. Nada firmado.
También entra un asunto que no había salido: el negocio. Un participante asegura que no se va a construir nada y que el plan real es reproducir la estructura social de Latinoamérica y África, con una base empobrecida y una cúpula muy rica. Dice que él el negocio lo ve en urbanizaciones cerradas con gente armada.
El tono también se mueve. Cuando el tramo empezó, la discusión era hacer sitio. A media mañana ya hay quien pide que lleguen más y quien se lo toma a broma con cifras imposibles. Nadie propone un número que aguante dos frases.
La anécdota del día
Un participante cuenta que preguntó con sorna a una cita si es que queda alguien en Colombia, porque no paraba de encontrarse paisanos. La respuesta no fue irónica. Le contestó que sí, que aún quedan, que hay más que aquí todavía. El mensaje se llena de respuestas y ahí se acaba la parte del hilo en la que alguien se ríe.