El misterio de la nariz de Fonsi Loaiza: ¿agresión política o pelea de discoteca?
¿Qué ocurrió realmente la noche del sábado? El activista Fonsi Loaiza denunció en redes sociales una brutal agresión: un desconocido le llamó «rojo y subcampeón» y le partió la cara. La izquierda mediática montó en cólera, con tertulianas como Santaolalla exigiendo condenas. Pero a las pocas horas empezaron a circular testimonios y vídeos que pintaban una escena muy distinta.
La versión del agredido
Según Loaiza, él salía de un local cuando fue abordado por un agresor que le insultó políticamente antes de golpearlo. Publicó una foto con la nariz vendada y aseguró haber perdido el conocimiento. La noticia fue recogida por Telepedro y La 2, donde se presentó como un ataque de ultraderecha. Sin embargo, lo que no cuadraba era la ausencia de una denuncia formal ante la policía. El parte de lesiones tampoco se había hecho público.
Los testigos lo desmienten
El periodista David Santos, que dice tener acceso a testigos y vídeos, ofreció una versión muy diferente. Según su información, los porteros de la discoteca sacaron a Loaiza por amenazar a otros clientes. Ya en la calle, empezó a insultar a los presentes, entre ellos a un grupo de jóvenes. Le advirtieron, pero continuó. Fue entonces cuando alguien le propinó un golpe. Lejos de quedar KO, Loaiza caminó por su propio pie hasta un ambulatorio cercano. Los vídeos, que están pendientes de publicación, muestran al activista visiblemente ebrio y buscando pelea, no a una víctima indefensa.
El escepticismo en las redes
La reacción en las redes fue inmediata. Muchos señalaron que el relato de Loaiza no se sostenía: las fotos no mostraban apenas inflamación, parecían más maquillaje que lesiones reales. Algunos incluso acusaron a su cuenta de ser una parodia, por lo rocambolesco del personaje. Otros recordaron que Loaiza ya había sido protagonista de otras polémicas y que su historial de «discursos de odio» le precedía. La frase «algo habrá hecho» se repitió como un mantra, aunque sin pruebas concluyentes.
Las dos narrativas chocan directamente. Una habla de fascismo y violencia política; la otra, de un borracho que se fue de la lengua y recibió su merecido. Lo que está claro es que, a falta de denuncia y de parte médico, la versión oficial se sostiene sobre arenas movedizas. Y mientras tanto, los medios públicos ya han dictado sentencia.