La mitad de los feminicidios de 2024: el 12,63% de la población
Una pregunta corta y una respuesta que se fue por las ramas. Preguntada por qué la mitad de los asesinatos de mujeres los cometen hombres nacidos fuera de España, la titular de Igualdad, Ana Redondo, esquivó la cifra y desplazó el foco al «patriarcado» como problema «global y milenario». Añadió una advertencia: establecer esa equivalencia sería «muy peligroso». El intercambio, difundido en redes sociales, dejó en el aire justo lo que el propio departamento tiene documentado en sus informes.
Qué dicen los datos del Ministerio de Igualdad
Las cifras no son un invento de la oposición. Salen del informe que elabora la Delegación del Gobierno contra la
Violencia de Género. En 2023, de los 58 asesinatos de mujeres contabilizados,
26 los cometieron agresores extranjeros: el 44,8%. El arranque de 2024 no corrige la tendencia, la acentúa. En el primer trimestre se registraron ocho feminicidios y cuatro de ellos —
el 50%— corresponden a varones nacidos en otro país y todavía sin nacionalizar.
Puestos en proporción, el contraste es el que duele: los extranjeros son el
12,63% de la población —unos seis millones de casi 48, según el INE—, de modo que su peso en estos crímenes multiplica por cuatro el que le daría su tamaño demográfico. Hay un cálculo que circula y que eleva el riesgo relativo de un agresor nacido fuera frente a uno español a siete veces. Es una estimación sin validar, pero la serie histórica tampoco se mueve al azar: en 2021 el porcentaje era del 23,6%; en 2022, del 38,78% (19 de 49 agresores nacidos fuera); en 2019, del 40%. En 2003, primer año con registros, se quedaba en el
15,5%. Dos décadas después, se ha triplicado.
Un informe oficial que no se pone en la portada
Lo relevante no es solo el dato, sino su silencio. Las cifras están en los registros públicos, pero no acompañan la comunicación habitual del ministerio. Desde sectores críticos con el departamento se sostiene que esa omisión es deliberada y que responde a un cálculo político. El patrón se repite con independencia de quién ocupe el cargo: ya ocurría con Irene Montero y sigue ocurriendo con la actual ministra.
¿Cuántos agresores son «españoles»? El lío de los nacionalizados
Aquí aparece el matiz que varios intervinientes del debate ponen sobre la mesa. Si el 50% de los agresores son extranjeros,
el otro 50% no son necesariamente españoles de origen, según sostienen: incluiría a personas nacionalizadas y a descendientes de migrantes con DNI español. La estadística oficial mediría, según esa lectura, la nacionalidad actual y no el país de nacimiento. En los análisis que se cruzan en el debate se apunta que, computando el origen, el porcentaje de agresores no nacidos en España podría elevarse hasta el 75% «sin despeinarse». La cifra no está publicada: es una extrapolación, y conviene tratarla como tal.
Cataluña y Andalucía concentran los casos
De las ocho víctimas del primer trimestre, tres murieron en Cataluña y dos en Andalucía. Ya en 2023 esas dos comunidades aglutinaron
28 de los 58 feminicidios, el 48,28%. Desde Vox ponen el acento en la concentración de población marroquí —872.759 residentes, según los datos que maneja su Fundación Disenso—, de la que la mitad se reparte entre Cataluña (238.192) y Andalucía (157.113). Es su tesis política, no una conclusión estadística: coincidencia territorial no equivale a causa, y los propios registros mezclan nacionalidad con origen.
El plan del ministerio: nuevo pacto y discurso de odio
La ministra anunció en marzo su intención de renovar el Pacto de Estado contra la Violencia de Género y de atender «nuevas formas de violencia», como las digitales, sin entrar en la integración de culturas menos favorables a la igualdad. El paquete lo completaría un acuerdo contra los discursos de odio centrado en racismo y xenofobia. Mientras, el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (Oberaxe), dependiente de Inclusión, retira de las redes sociales mensajes entre los que un
40% vincula inseguridad ciudadana e inmigración descontrolada. La sospecha que deja el cruce: se vigila más el comentario que el dato.
El cálculo que más incomoda no está en ningún informe oficial. Tampoco lo estará mientras el debate siga siendo sobre quién puede decir qué y no sobre qué dicen los números. Porque hay una cifra que en el debate se da por hecha y que se atribuye al INE: se asesina casi al doble de hombres que de mujeres. Esa no tiene ministerio, ni plan, ni titular.