Microchips, mascarillas y ninguna respuesta sobre la vacuna
¿Cómo se contesta una pregunta incómoda en directo? Cambiando de tema. En una entrevista emitida en Antena 3 y difundida después por redes y foros, un médico responde a las preguntas sobre los efectos secundarios de la
vacuna de la covid hablando del microchip que, dice, nunca existió, de los efectos «insignificantes» de la vacuna de la gripe y de la conveniencia de volver a llevar mascarilla. Sobre los efectos de la vacuna por la que se le pregunta, y se le pregunta dos veces, no vuelve a decir nada. El momento señalado del vídeo es el
minuto 6:30.
¿Qué respondió el médico sobre los efectos secundarios de la vacuna?
La primera pregunta es directa: qué efectos secundarios está dejando la vacuna entre la gente. La respuesta, según el corte que circula, se va al
microchip: el facultativo replica que «ya sabéis que el microchip que nos ponían no existe, ¿no?». La periodista insiste, aclara que no habla de microchips sino de efectos secundarios que ha tenido mucha gente, y a partir de ahí el asunto desaparece de la conversación. Después llega la comparación con la vacuna de la gripe, de efectos que el médico califica de
insignificantes, y la recomendación de ponerse también la dosis de la gripe y la de la bronquiolitis. De la vacuna de la covid, nada más.
Conviene separar dos cosas. Los supuestos microchips inyectados son una hipótesis sin ninguna evidencia que la respalde, y el propio médico lo niega en antena. Ese es justo el problema: se dedica tiempo a una teoría descartada para no gastarlo en la pregunta que había sobre la mesa, la de los efectos adversos que dice haber visto mucha gente.
Vuelta a la mascarilla y el argumento del cirujano
En el mismo tramo se defiende volver a usar la mascarilla. Un segundo interviniente pregunta si el uso prolongado de la mascarilla ha bajado la inmunidad natural de la población. La respuesta que se le da, según el relato del vídeo, es que
un cirujano la lleva seis horas al día y no se ha muerto ninguno. El detalle que cierra la escena, siempre según el relato de quien difunde el corte, es otro: el médico se coloca la mascarilla y no aguanta ni
diez segundos con ella puesta. Ni cinco minutos para disimular.
El contraste entre el argumento y el gesto es lo que más se repite en los comentarios. Quien defiende la medida se apoya en una comparación profesional que no traslada al gesto propio; quien la cuestiona se agarra a ese detalle para sostener que la recomendación no se cree ni quien la hace.
La deuda de inmunidad y el goteo de catarros
Otra línea que aparece es la de la
deuda de inmunidad: los años de distancia social y de mascarilla habrían dejado la respuesta defensiva de la población más floja, y eso explicaría una temporada con más cuadros gripales de lo habitual. Se sostiene incluso que en los países con más dosis administradas se registró exceso de mortalidad. No hay en el material ni una serie de datos, ni un informe, ni una fuente sanitaria que respalde ninguna de esas afirmaciones: son hipótesis que circulan.
Lo que sí se describe es la escena cotidiana de unas navidades sin instrucciones oficiales de limitar contactos, con reuniones familiares a las que acudió gente convaleciente de resfriados, catarros y test positivos. Dos años antes, recuerdan quienes siguen el asunto, la televisión machacaba con no permitir esos encuentros y con señalar a quien no se vacunaba. El cambio de tono, más que los datos, es lo que alimenta la desconfianza.
La ley de pandemias y la fecha de mayo en el Parlamento Europeo
El trasfondo es regulatorio. En el material se apunta a la aprobación de la
ley de pandemias para el mes de mayo en el Parlamento Europeo, y se lee ahí la preparación de otra
dictadura sanitaria con el argumento de que para entonces se habrá olvidado todo lo anterior. Es una expectativa sobre un calendario anunciado, no un hecho consumado: a la fecha de la discusión la norma seguía pendiente y ningún texto aprobado permitía confirmar el resultado.
Aquí el material es más política-ficción que análisis. La sospecha de fondo es que los mismos actores que gestionaron la anterior emergencia preparan la siguiente, y que el público volverá a tragar. No hay forma de verificarlo con lo que hay sobre la mesa.
Sobre el médico y las acusaciones que circulan
El facultativo que aparece en el vídeo es identificado en el hilo como
Jesús Sánchez Martos. Junto a su nombre circulan reproches sobre su vinculación con intereses comerciales, acompañados de enlaces a documentación archivada. Son acusaciones lanzadas en el espacio público que no consta que hayan sido acreditadas judicialmente ni confirmadas por ninguna autoridad, así que se recogen como lo que son: reproches, no hechos probados. Lo verificable del corte es más simple: las dos veces que se le pregunta por los efectos adversos y las dos veces que la respuesta se va a otro sitio.
Qué se sostiene sobre los efectos secundarios y qué no está acreditado
El material no aporta ningún dato clínico sobre los efectos adversos de la vacuna. Lo que hay son experiencias personales y relatos contrapuestos: quien se pinchó y pasó unos días con fiebre y mucosidad, quien se pinchó y no notó nada, y quien no se vacunó y dice no haberse puesto mal. Con anécdotas no se responde a una pregunta de farmacovigilancia, y ninguna de ellas sustituye a un registro de reacciones adversas. Ante cualquier duda sobre una vacuna o sobre síntomas, quien tiene la última palabra es un profesional sanitario con la historia clínica delante.
Al final, el episodio dice menos sobre las vacunas que sobre cómo se contesta cuando no se quiere contestar. Que el microchip no existe ya lo sabíamos todos. La pregunta era otra. Y en el minuto 6:30 sigue sin responderse.