Los afiliados extranjeros pasan de 2 a 3,1 millones y tiran del PIB
¿Cuánto del crecimiento español se debe a la inmigración y cuánto de ese PIB acaba en el bolsillo del que ya estaba aquí? Conviene empezar por el dato crudo. En seis años, los afiliados extranjeros a la Seguridad Social han pasado de unos dos millones a casi 3,1 millones, según las cifras del pasado septiembre. En agosto de 2019 eran el 11% del total de cotizantes; ahora superan el 14%. El récord absoluto se marcó en junio.
El salto demográfico que sostiene la locomotora
España recibe ya más inmigrantes que Francia y Alemania juntas. Aportó por sí sola el 65% de todo el incremento de población de la Unión Europea y absorbió el 28% de la inmigración que llega al bloque. La lectura que se repite en los análisis es incómoda para el relato triunfal: la economía española crece apoyada en el aumento demográfico, con un incremento del PIB muy por encima del de las otras grandes economías del continente, pero sin un salto equivalente de productividad.
PIB que sube, renta por cabeza que no
Aquí arranca la pelea. Hay quien sostiene que un PIB que engorda sumando brazos es un espejismo estadístico. El ejemplo que circula: una familia de cuatro personas en 60 metros que ingresa 4.000 euros y mete en casa a cuatro primos —dos sin trabajo, dos con mil euros— pasa a ingresar 6.000. El «PIB» familiar sube un 50%. Pero por cabeza se cae de 1.000 a 750 euros y los metros por persona se parten por la mitad. Trasladado a un país, el agregado crece, el PIB per cápita se queda atrás y la presión sobre la vivienda se dispara. La edad media de los inmigrantes legales que llegan ronda los 32 años, un perfil que empuja el consumo y la cotización pero también la demanda de alquiler.
Quién se lleva el flujo: patronal, rentistas y caja pública
El flujo conviene a más de uno y no todos salen en la foto. La hostelería, el campo o la construcción sin mano de obra; el propietario con un piso por alquilar; el que vive de la subvención. En el otro lado, hay quien pide abrir el dato por nacionalidades porque mezcla perfiles laborales muy distintos. Y en medio, el trabajador de clase baja que compite por el mismo salario y el mismo piso. El debate no es si los trabajadores extranjeros tiran del PIB —lo hacen—, sino a quién le pasan la factura.
Así que sí: la inmigración dispara el PIB. El detalle menor, el de siempre, es a quién le dispara el recibo del alquiler.