Letras, depósitos, pagarés, bonos, cuotas... ¿cuál interesa más al pequeño ahorrador?

Burgues

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joerrrrr, no me decido, la deuda pública será la mejor opción????





Viernes, 30 de Septiembre de 2011 - 8:55 h.

(Información ofrecida por iahorro)

Vamos a dar unas ideas básicas de cada producto de ahorro, para evitar que el cliente se confunda con el depósitos a plazo fijo de toda la vida y sepa valorar rentabilidad y riesgo. Con esta esquemática guía del ahorro pretendemos que el cliente sepa lo que va a contratar y no se deje llevar sólo por lo que le dicen en el banco.

Deuda pública

La más segura de la categoría. Respaldada al 100% por el Estado, con un compromiso constitucional de por medio, se puede comprar directamente en la web del Tesoro Público o en la oficina del banco. No es un producto comercializado activamente por las entidades, ya que no les supone entrada de fondos a ellas (se compra deuda pública).

Las última subasta del Tesoro ofreció las siguientes rentabilidades (TIR):

Letras del Tesoro a 12 meses: 3,591%

Letras a 18 meses: 3,807%

Bonos a 3 años: 4,813%

Depósitos

Las cuentas remuneradas y depósitos están garantizadas por el FGD, hasta 100.000 euros por cliente y entidad. Si un banco entrara en quiebra y no fuera rescatado por el Banco de España, los primeros 100.000 euros los pagaría el FGD y el resto saldría de la liquidación de los activos del banco, si bastara para pagar a todos los acreedores (cosa que no suele pasar).

Es el producto más seguro, después de la deuda pública. Las rentabilidades de algunos de los mejores depósitos son:

A 12 meses:

Depósito CR de Banco Espirito Santo (BES) al 4,26% (mínimo de 50.000 euros).

Depósito Bienvenida de oficinadirecta.com: 4,00% (mínimo de 500 euros).

Depósito ActivoBank: 4,00% (mínimo 1.000 euros).

A 18 meses:

Depósito Gasol al 4,00% (mínimo 300 euros).

A 2 años:

Depósito CR de BES al 4,84% (a partir de 25.000 euros).

Como era de esperar, las rentabilidades de los mejores depósitos superan ligeramente a la deuda pública, teóricamente más segura.

Cedúlas hipotecarias

Este producto, no garantizado por el FGD, es un activo financiero o título de renta fija que se emite con la garantía de la cartera de préstamos hipotecarios de la entidad de crédito emisora.

Al tener un respaldo real adicional, préstamos hipotecarios de una calidad mínima exigida por la legislación, su riesgo es menor al resto de productos no garantizados que veremos más adelante.

Un ejemplo de colocación al tramo minorista de este tipo de producto han sido las cédulas hipotecarias de Caja España-Caja Duero, que ofrecían un 4,00% TAE a un año. La inversión mínima era de 1.000 euros. No reflejaron en su rentabilidad el mayor riesgo del producto.

Podríamos decir que es uno de los productos financieros más parecidos a los plazos fijos que se colocan en sucursal, si bien normalmente las emisiones van destinadas al tramo mayorista. Si se ha acudido al cliente final ha sido por las dificultades de los mercados mayoristas, que desconfían de cualquier producto con la marca España.

Bonos de bancos

Son una forma de endeudamiento de las entidades financieras, que emiten este tipo de producto de renta fija para obtener fondos y se comprometen a su devolución en un periodo determinado. No están garantizados por FGD, sólo por la propia solvencia del emisor. Además hay un riesgo añadido a los depósitos, ya que su liquidez es diferente. Si necesitamos el dinero, tendremos que vender el bono en el mercados secundario, pudiendo perder dinero o no encontrar comprador.

Al tener mayor riesgo, sería de esperar que ofrecieran más rentabilidad al cliente; si bien ha sido así en algunos casos, el diferencial de intereses no ha sido muy relevante. La última emisión de bonos del Sabadell, cerrada hace apenas dos semanas, ofrecía una rentabilidad del 4,32 TIR a 18 meses, por ejemplo.

Pagarés de bancos

La nueva tendencia es emitir pagarés, otro tipo de valor de renta fija similar al bono en cuanto a riesgos, que esquiva la normativa Salgado. A costa de suponer mayor riesgo al cliente, al no garantizar importe alguno el FGD.

No es un producto recomendable, dado que en lugar de ofrecernos más intereses que los depósitos al mismo plazo, están ofreciendo menos, como veremos en algunos ejemplos. La pregunta que uno se hace es, ¿entonces para que me ofrecen pagarés en lugar de depósitos a plazo fijo?

La respuesta es sencilla: porque le interesa al banco o caja. Al cliente, desde luego, no. Le diga lo que le diga el director de su oficina, que cobra por cubrir el presupuesto (no por asesorarle, nunca lo olvide).

Las características de las últimas emisiones de pagarés son:

Pagarés del BBVA: con un mínimo de inversión de 6.000 euros, ofrecen una rentabilidad variable según vinculacion de entre el 3,57 y el 3,87% TAE a 1 año.
Los pagarés de Bankia ofrecen a un año un 3,70% TAE, con un mínimo de 6.000 euros.
Pagarés del Banesto: con un mínimo bastante alto, 50.000 euros, nos ofrecen un 3,60% TAE a un año de plazo.
Los pagarés de Liberbank son los peor clasificados, exigiendo una inversión mínima a 1 año de 10.000 euros y un discreto 3,25% de rentabilidad.
Poco beneficio para el riesgo asumido por el cliente, habrán pensado los grandes inversores que no compran este producto; y se acude al cliente minorista a colocarlos.

Obligaciones subordinadas

Producto emitido fundamentalmente por las cajas, ofrecen un tipo de interés trimestral (normalmente) variable, según el Euribor, a un plazo de vencimiento determinado (normalmente a 10 años). La entidad financiera se reserva la posibilidad de amortizar las cuotas anticipadamente a los 5 años.

El pago de los intereses se suspenderá en el supuesto de que la cuenta de resultados haya presentado pérdidas en el semestre anterior al momento del pago, acumulándose hasta que la cuenta de resultados no presente beneficios. Este riesgo es muy real en estos momentos; sin ir más lejos, la CAM no ha pagado los intereses de las obligaciones subordinadas de la emisión de 1988.

Hay un riesgo de liquidez adicional, ya que si el inversor necesita el dinero antes del vencimiento, puede tener que vender a un precio inferior a lo pagado en el momento de su contratación.

Los inversores en obligaciones subordinadas, en caso de liquidación del banco o caja, cobrarían después de los acreedores normales (depósitos, bonos y pagarés) pero antes que los últimos de la fila: los tenedores de participaciones preferentes y cuotas participativas.

La última emisión de obligaciones a 10 años del Banco Popular ofrecía una rentabilidad del 8,25%, pagadero trimestralmente.

Participaciones preferentes

Son deuda perpetua, y a pesar del engañoso título de preferentes, cobran los últimos si la entidad financiera se liquida por problemas económicos (sólo los accionistas están en peor situación en cuanto a la prelación de créditos). El emisor tiene la posibilidad (que no la obligación) de amortizarlas a partir de los 5 años, previa autorización del Banco de España.

Ofrece una retribución fija condicionada a los resultados de la sociedad, y no ofrecen derechos políticos al inversor.

En cuanto a la rentabilidad que ofrecen, podemos mencionar una emisión de Caixa Layetana, recientemente amortizada por Bankia, que remuneraba a Euribor + 1,95.

Cuotas participativas

Emitidas sólo por la CAM, son un instrumento financiero de renta variable similar a las acciones (pero de cajas de ahorro) en cuanto a riesgo (son los últimos en cobrar si quiebra la entidad) pero no en derechos, ya que no otorgan derecho a voto. Su duración es indefinida y se cobran retribuciones en efectivo sólo si hay excedente de libre disposición de la caja (beneficios) y la remuneración es variable. En el caso de la CAM se repartía el 7,5% del beneficio mencionado a los cuotapartícipes.

Es el producto más arriesgado que se nos puede colocar, y no debería haberse confundido jamás con plazos fijos o similares. La situación de los cuotapartícipes de la CAM es muy delicada, ya que si venden en el mercado secundario perderían gran parte de su inversión y tienen que esperar a lo que pase con la entidad para saber como queda su dinero.

No hay producto bueno o malo en sí. Tenemos que saber calibrar el riesgo que asumimos y el beneficio que se nos ofrece por ello. Los comerciales de banca comercialmente agresivos le hablarán de altas rentabilidades sin apenas riesgo. No se lo crea. A más riesgo hay que exigir mayor rentabilidad. O dicho de otra forma, si la rentabilidad que nos ofrecen es alta, suele significar que también lo es el riesgo que tenemos que asumir.
 

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