Los avisos de la M40 sobre el eclipse: prevención o esperpento
Conducir durante un eclipse solar no está clasificado como actividad de alto riesgo. Al menos no lo estaba hasta que los paneles electrónicos de la M40 lo convirtieron en una operación de emergencia con tres mensajes que han levantado más de una ceja.
Los carteles advertían: «No parar en el arcén durante el eclipse», «No conducir con las gafas destinadas a mirar el eclipse» y «No aminorar la marcha durante el eclipse». La lógica parece impecable: con las gafas puestas, la visión periférica se resiente; frenar en el arcén para ver el cielo es una receta para la colisión múltiple. Pero la comunicación ha tenido el efecto contrario: los conductores han ironizado.
La reacción más afilada llegó con el neologismo «cataclipse», mezcla de cataclismo y eclipse. Desde el conductor que anuncia que parará por si alguien se despista hasta el que recuerda que, con 27 grados, la gente seguirá llenando las piscinas municipales aunque un cartel advierta lo contrario. La anécdota del cartel de la piscina refuerza la tesis de que la saturación de avisos ha convertido la prevención en un meme.
¿Qué riesgo real hay al volante con eclipse?
El peligro no está en el fenómeno, sino en el comportamiento: detenerse en el arcén o reducir de golpe provoca retenciones y accidentes. Los paneles intentan evitarlo, pero la falta de mensajes sobre el encendido de luces –cuando la luminosidad cae a mitad del día– ha sido señalada como una carencia grave.
La previsión es que el día del eclipse las salidas hacia las zonas de observación se colapsen y los arcenes se llenen de curiosos, como ya ocurrió en citas astronómicas anteriores. Con ese historial, lo más seguro es que la próxima campaña llegue con un manual de instrucciones y una dosis extra de ironía: porque la advertencia tendrá que competir con el escepticismo que ella misma ha sembrado.