Cortés con 500 hombres: más mérito que Alejandro Magno
Dos libros sobre la conquista de México, uno escrito por un autor mexicano y otro por un europeo, coinciden en un punto que incomoda a muchos: lo que hicieron Hernán Cortés y sus hombres fue algo increíble, único, que ni Alejandro Magno se hubiera atrevido a intentar. La comparación no es gratuita. El autor mexicano, Jaime Montell, es preciso en los hechos conocidos pero se convierte en un suplicio cuando intenta demostrar que la conquista fue realizada por los propios pueblos indios. La exculpación de Moctezuma que hace resulta, directamente, patética. El europeo, Richard Lee Marks, no necesita malabarismos: los hechos hablan solos. Y ambos, desde trincheras opuestas, llegan a la misma conclusión. Falta la versión de Hugh Thomas para completar el trío.
500 hombres contra un imperio: los números de la conquista
La conquista de México no fue un paseo militar. Fue una anomalía histórica.
500 hombres —luego se añadieron algunos más— se enfrentaron a sociedades militarizadas, jerarquizadas, imperios basados en hacer la guerra al vecino. No eran cuatro idiotas con taparrabos. Los mexicas dominaban un territorio enorme y tenían sometidos a decenas de pueblos. Los tlaxcaltecas, sus máximos rivales, no eran mejores: también aspiraban a ser otro pueblo opresor. La diferencia es que los españoles supieron integrarlos.
En la batalla de Otumba, tras la Noche Triste,
escasamente 500 españoles se encontraron rodeados por un ejército de al menos
20.000 aztecas, según los cálculos más conservadores. Aguantaron en formación cerrada durante horas. Después, un puñado de jinetes —de 12 a 16, según las fuentes— cargó contra el general enemigo, lo mató y levantó su estandarte. La batalla estaba ganada. Bernal Díaz del Castillo, testigo directo, lo resumió con un grito: «Santiago y Cierra España». Pocas veces una frase ha valido tanto.
El mito de los virus: la viruela no mató al 100%
Uno de los argumentos más repetidos para quitar mérito a la conquista es el de las enfermedades. Se dice que los virus y bacterias mataron a casi el 100% de la población indígena. Es una falacia que no resiste el menor análisis. Si los virus hubieran matado a casi todos, no quedarían aliados indígenas. Y los españoles tuvieron aliados: tlaxcaltecas, totonacas, purépechas. Sin ellos, la conquista habría sido imposible.
Las cifras que se manejan son directamente absurdas. Se habla de
90 millones de indígenas muertos, cuando en toda América no había más de
40-50 millones de habitantes en el año 1500. Algunos historiadores dan cifras aún más bajas. Los españoles solo dominaron realmente al
20% de esa población: islas caribeñas, Mesoamérica, Centroamérica, la costa del Pacífico en el Perú y la desembocadura del Río de la Plata. El resto era territorio salvaje, aunque aparezca en los mapas como si fuera parte del imperio.
La viruela existió, sí. Fue mortífera. Pero también mataba a los españoles. Y no se puede atribuir a un virus lo que fue una combinación de factores: alianzas, superioridad táctica, determinación y, sí, también algo de suerte.
La diplomacia con marcianos: el mérito que nadie reconoce
Hay un aspecto de la conquista que casi nunca se destaca: la capacidad diplomática de Cortés. No se trataba de negociar con moros, franceses o alemanes, gente que comparte coordenadas geográficas y culturales, que sabe de qué palo van. Se trataba de negociar con
marcianos. Sin conocer su lengua, sin entender sus códigos religiosos, sin saber qué esperar. Y aun así, Cortés tejió una red de alianzas que le permitió derrotar al imperio más poderoso de Mesoamérica en apenas dos años.
La asimilación de los tlaxcaltecas fue una de las grandes obras de Cortés y sus frailes. No los exterminaron. Los integraron. Eso es algo que los ingleses, por ejemplo, nunca hicieron. En Norteamérica, los británicos no dejaron a un indio vivo. Los españoles, en cambio, se mezclaron. De ahí viene el mestizaje, que hoy es la seña de identidad de México y de buena parte de Latinoamérica.
La Contraarmada y la leyenda negra: lo que no se enseña
La conquista de México no se entiende sin el contexto de la época. España era la potencia dominante. La Armada Invencible fracasó, sí, pero la Contraarmada inglesa fue un desastre aún mayor para Inglaterra. Los puertos ingleses se abrieron a los barcos españoles y Inglaterra fue aliada de España durante cerca de un siglo. Esa parte de la película no la cuenta nadie.
La guerra que empezó con el fracaso de la Felicísima Armada terminó en victoria española tras la muerte de Elizabeth I. El Tratado de Londres de 1604 selló la paz. Pero en las escuelas españolas se enseña la Armada Invencible, no la Contraarmada. La leyenda negra ha hecho su trabajo: los españoles son los malos de la película, los ingleses los buenos. Y así nos va.
¿Tuvo más mérito Cortés que Alejandro Magno?
La comparación es inevitable. Alejandro Magno conquistó un imperio enorme, pero lo hizo con un ejército entrenado, con recursos, con una logística que hoy llamaríamos profesional. Cortés lo hizo con 500 hombres, sin refuerzos, sin conocimiento del terreno, sin saber si volvería a ver España. Y lo hizo en dos años.
Hay quien sostiene que lo de Cortés fue una gesta casi antropológica, porque no se puede definir de otra manera. Diplomacia sería ponerse de acuerdo con gente de tu entorno. Esto fue otra cosa. Fue negociar con marcianos, sin conocer su lengua, y salir victorioso. Si lo que hizo Hernán Cortés lo hubiera hecho un inglés, sería el mayor héroe nacional al que se rendiría incluso la realeza. Pero resulta que es español. Y nuestro Ministro de Cultura quiere borrarlo de los libros.
El Popocatépetl y los cojones de Diego de Ordaz
Hay anécdotas que definen la conquista mejor que cualquier análisis. Diego de Ordaz, un señor de Zamora que lo más alto que había subido era el cerro de delante de su pueblo, se acercó al Popocatépetl porque Cortés vio humo blanco saliendo de la cima y quiso saber qué era aquello. Subió a 5.400 metros con dos voluntarios, con armadura y morrión, sin equipo. Vio el cráter, volvió a bajar y se lo contó a Cortés. Así se conquistó un imperio.
El legado español en América: ¿cáncer o mestizaje?
La herencia española en América es un tema que levanta ampollas. Hay quien dice que fue un cáncer, que si los ingleses o los holandeses hubieran conquistado el continente, otro gallo cantaría. Quizá existirían los Estados Unidos de Sudamérica, una potencia mundial. Pero los criollos independentistas, hijos y nietos de españoles, decidieron montar su chiringuito: Uruguay, Paraguay, Bolivia, Ecuador... Y así van.
Lo cierto es que inmediatamente después de la independencia, esos países eran riquísimos con su herencia española. Argentina fue el país más rico del mundo durante parte del siglo XIX, o como mínimo entre los diez primeros. Luego llegaron los conflictos internos, las guerras, la corrupción. Pero eso ya no es culpa de España.
La conquista de México fue una anomalía. 500 hombres derrotaron a un imperio de miles. No fue por los virus, no fue por las armas de fuego —se tardaba mucho en cargar y la pólvora se mojaba con la humedad—, no fue por casualidad. Fue por cojones, determinación y una capacidad de adaptación que no se ha vuelto a ver. Los libros lo cuentan, cada uno a su manera. Pero el hecho es el mismo. Y sigue sin haber consenso sobre si fue una gesta o una tragedia. Probablemente, las dos cosas.