Rusia reescribe 1990: la reunificación alemana fue una anexión
Un libro de texto ruso de historia para secundaria, publicado en septiembre de 2023 y firmado por
Vladimir Medinsky, exministro de Cultura y asesor del presidente Vladimir Putin, y
Anatoly Torkunov, rector del Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú, describe la reunificación alemana como la «anexión de la RDA». La tesis ha irritado a historiadores alemanes y ha reabierto una discusión que parecía cerrada: ¿fue la incorporación de la
Alemania oriental a la RFA una simple adhesión voluntaria o, en términos jurídicos, una anexión sin conquista?
El asunto no es baladí. La Ley Fundamental de la RFA de 1949 sigue en vigor y no fue sustituida por una constitución nueva tras 1990. La reunificación se produjo formalmente mediante la adhesión de los cinco estados federados orientales al territorio de vigencia de esa norma, sin referéndum constituyente posterior. La reforma constitucional de 1994, según recoge la propia Wikipedia, se limitó a retoques formales.
Qué pasó exactamente en 1990
El
Tratado de Unificación del 31 de agosto de 1990, firmado por el ministro del Interior de la RFA, Wolfgang Schäuble, y el secretario de Estado de la RDA, Günther Krause, fue el instrumento que articuló la operación. Días antes, el
12 de septiembre de 1990, se había firmado el Tratado Dos más Cuatro —también llamado Acuerdo Final sobre Alemania— por los dos estados alemanes y las cuatro potencias vencedoras: EEUU, URSS, Gran Bretaña y Francia. La primera firma del documento fue la del vicecanciller y ministro de Exteriores de la RFA, Hans-Dietrich Genscher; la segunda, la del presidente del Consejo de Ministros de la RDA, Lothar de Maiziere.
El
20 de septiembre de 1990, la Cámara Popular de la RDA, reunida en Berlín-Este, votó y aceptó por mayoría el Tratado de Unificación. Poco después, la capital federal pasó de Bonn a Berlín, que hasta entonces era la capital de la RDA. La negociación la llevó el gobierno salido de las elecciones generales de la RDA de marzo de 1990, en las que el Partido del Socialismo Democrático —sucesor del SED, disuelto en diciembre de 1989— obtuvo resultados discretos.
Anexión, adhesión o anexión voluntaria
La discusión terminológica es el corazón del asunto. Una parte del análisis sostiene que
anexión no implica necesariamente uso de la fuerza: el Sarre pasó de Francia a Alemania en los años cincuenta tras un referéndum favorable y el proceso se califica igualmente como anexión. Bajo esa lógica, la RDA dejó de existir como sujeto de derecho internacional al ser incorporada por la RFA, que continuó existiendo sin cambiar siquiera su nombre oficial.
La objeción es que en la RDA
se votó en referéndum y no había un ejército de ocupación imponiendo el resultado, a diferencia de otros procesos posteriores. El término «anexión» arrastra una connotación de imposición que no encaja con una adhesión pactada y ratificada por ambas cámaras. Quienes defienden la tesis rusa replican que el resultado institucional fue idéntico: un estado absorbió a otro y le impuso su ordenamiento.
El paralelismo con Ucrania que nadie quiere pronunciar
El motivo de que este debate salga a la luz en Rusia es transparente: sirve de espejo para lo ocurrido en Crimea, Donetsk, Lugansk y Jersón. Si en la RDA se votó en referéndum para adherirse y Rusia modificó después su constitución para reflejar la nueva realidad, el argumento se aplica mutatis mutandi a las repúblicas que Moscú considera rusófonas. Si uno es anexión, el otro también. Lo que queda por dilucidar es la legitimidad de cada consulta, no la etiqueta.
Hay quien recuerda que la RFA y sus ciudadanos asumieron un esfuerzo económico enorme para desarrollar el este y converger con el oeste, con fallos y críticas razonables a toro pasado sobre cómo se hizo. Otros subrayan que la nostalgia de la RDA se concentra en quienes formaban parte del aparato del SED o se beneficiaban de él, y que la mayoría de la población oriental vivía bajo vigilancia y con la sombra de la Stasi. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez.
Lo que dice el libro de texto y lo que no
El manual no es una obra académica aislada: sus autores ocupan posiciones de primer nivel en el aparato cultural e institucional ruso. Medinsky fue ministro de Cultura y es asesor presidencial; Torkunov dirige el Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú. Que un libro de secundaria recoja esa tesis indica que no es una opinión marginal, sino una línea editorial con respaldo oficial.
En paralelo, este mismo año se ha discutido en la Duma retirar «Archipiélago Gulag» de Solzhenitsyn del programa literario escolar, donde estaba desde 2009, con el argumento de que «no ha resistido la prueba del tiempo». Otras versiones señalan que el manual de Vera Korovina sí incluye fragmentos de la obra y la presenta como desacreditación del poder totalitario de la era Stalin. La foto completa es más matizada que el titular.
La pregunta que queda abierta
Si la reunificación alemana fue una anexión, entonces la palabra deja de describir un método —la fuerza— y pasa a describir un resultado: un estado que se disuelve dentro de otro. Bajo esa definición, media Europa del siglo XX encaja. Bajo la definición estricta, solo encaja cuando hay imposición. El libro de texto ruso ha elegido la primera acepción. ¿Es historia o es política exterior con formato de manual escolar?