Alemania y el tratado 2+4: la soberanía que sigue en discusión
¿Qué derecho tiene Rusia a meter baza en el tratado que convirtió a
Alemania en un país soberano? Sobre el papel, ninguno. Sobre el terreno, los que le da una herencia jurídica incómoda. El tratado Dos más Cuatro lo firmaron en 1990 la República Federal, la República Democrática, Francia, Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética. La URSS lleva más de tres décadas disuelta; la Federación Rusa se presenta como su sucesora legal a efectos de tratados, condición que le reconoció la ONU. De ahí sale todo el pulso. Y de ahí sale también una pregunta que no se responde con titulares:
qué queda vivo de aquel acuerdo y quién decide cuándo ha muerto.
¿Es Alemania un país soberano o un país ocupado?
La posición mayoritaria es que Alemania recuperó la soberanía plena con el Dos más Cuatro. Los reparos vienen por otro lado: Alemania fue la derrotada en 1945 y quedó ocupada por las potencias vencedoras, entre ellas la Unión Soviética. Ese es el punto de partida de quienes sostienen que el país sigue siendo un territorio ocupado, con Estados Unidos, el Reino Unido y Rusia como sucesora de la URSS manteniendo derechos reconocidos como ganadores del conflicto.
Rusia retiró sus tropas entre 1990 y 1994; los estadounidenses nunca se han ido. La asimetría es el dato, no el adjetivo. La discusión sobre si eso limita o no la soberanía alemana es, en buena medida, la discusión entera.
La promesa de no ampliar la OTAN que nadie firmó
Aquí está el núcleo del asunto. Durante las negociaciones del Dos más Cuatro, según la versión más repetida, el representante alemán dejó claro que no se ampliaría la OTAN más allá del Elba y que, por tanto, no se podía ofrecer el ingreso a Polonia y a otros países. La parte estadounidense habría trasladado a la Unión Soviética, en esas mismas conversaciones y en otros foros, que no se beneficiaría de la retirada de las tropas soviéticas de Europa Oriental. Nada de eso aparece en el texto firmado. De ahí el choque entre dos lecturas: para unos hubo un compromiso político verificable en transcripciones y actas; para otros,
promesa sin firma no es promesa.
El sucesor legal de la URSS: qué puede reclamar Rusia
El argumento jurídico que sostiene la otra parte es sencillo: los tratados internacionales no prescriben hasta que se sustituyen por otros. El ejemplo que se repite es el de Utrecht, el acuerdo por el que el Reino Unido ocupa Gibraltar y que nadie ha declarado caducado. Bajo esa lógica, los derechos que la URSS firmó como vencedora de la Segunda Guerra Mundial siguen vigentes para su sucesora. La objeción es igual de simple: un tratado que otorga soberanía a Alemania no puede convertirse después en un título para condicionarla. Y en medio, un detalle que se pasa por alto:
Rusia es más pequeña que la Unión Soviética que firmó aquellos papeles.
Budapest, Ucrania y el otro tratado que se rompió
El caso ucraniano entra en la conversación por la puerta del Memorando de Budapest: Ucrania entregó su arsenal nuclear a cambio de que no se la atacara. La réplica llega rápido: ese arsenal no era plenamente ucraniano, porque los códigos de lanzamiento no estaban bajo su control. Con esa pieza, el terreno se mueve del derecho a la capacidad. Algo parecido ocurre con el debate sobre la ampliación de la OTAN como causa del conflicto: frente a quien la señala como origen del problema, otros sostienen que se intenta revivir un argumento «muerto y enterrado desde 1999». Dos relatos y un mismo hecho:
la seguridad europea se construyó sobre compromisos que cada parte interpreta a su manera.
El precedente que incomoda a los dos bandos
Hay un hilo argumental que cruza todo: si la palabra dada no se mantiene, los demás se sienten legitimados para incumplir la suya. Ahí caben Kosovo, Irak, Libia y cualquier intervención que se justificó con un marco internacional y acabó sin él. La consecuencia práctica es que nadie puede invocar el derecho sin que le devuelvan el espejo. Para Alemania, la factura ya es económica: el Nord Stream 2 inutilizado y una economía en caída, con Berlín sin margen para quejarse en voz alta. Para Rusia, la posición que defienden algunos es la de un país que reclama respeto por unos tratados que considera vigentes.
Mientras tanto, la única cifra que nadie discute es la de las tropas estadounidenses que siguen en suelo alemán desde 1945. No hay fecha de salida. Ni un comunicado que la insinúe. Ahí, y no en Moscú, sitúan algunos el verdadero problema de la soberanía alemana.
El tratado seguirá vigente hasta que alguien lo sustituya. Como Gibraltar.