Los vecinos de Maricarmen: «Aquí sabemos cómo ha sido la convivencia»
¿Qué queda de un
desahucio cuando el símbolo no cuadra con el relato de quienes viven puerta con puerta?
Maricarmen, de 87 años, fue desalojada el 23 de septiembre del número 46 de la calle Alcalde Sainz de Baranda, en el barrio del Retiro. Su caso ha llenado la Puerta del Sol, ha bautizado un real decreto de vivienda y ha convertido una fachada en un lugar de memoria improvisado. Lo que no ha conseguido es poner de acuerdo a los vecinos.
¿En qué punto está el regreso de Maricarmen?
Tras el desahucio,
Urbagestión y los representantes de la mujer alcanzaron un acuerdo mediado por la EMVS para que pudiera volver a la vivienda cuando reciba el alta hospitalaria. El pacto contempla un contrato de ocho años y una renta que no superará el 30% de sus ingresos netos, una cantidad que ronda los 500 euros mensuales. Según el Sindicato de Inquilinas, la mujer continúa en planta en el Gregorio Marañón sometiéndose a pruebas y su estado sigue siendo «realmente complicado».
A unos kilómetros, la acampada de la Puerta del Sol encaraba su sexta noche con centenares de personas en tiendas. El sindicato ha anunciado caceroladas frente a los ayuntamientos y nuevas movilizaciones para el fin de semana. El 1 de octubre entra en vigor el primero de los reales decretos de vivienda aprobados por el Gobierno, ya conocido como
Decreto Maricarmen.
Qué dice la placa que divide a la calle
La inscripción colocada en la fachada reza: «Aquí fue desahuciada Maricarmen, de 87 años, vecina de esta casa desde 1955». El texto añade después los nombres y apellidos de dos empresarios, dueños de la sociedad que ejecutó el desalojo. Ahí empieza el problema.
Una vecina que lee la placa sostiene que
señalar con nombre y apellidos a dos personas «es levantar el odio» y considera que la protesta ha distorsionado lo ocurrido. El pastelero del local contiguo —la bombonería que ocupa el bajo de al lado— va más lejos: ha llamado a la policía para pedir que la retiren.
«Ninguna persona del edificio salió a apoyarla»
El relato que se escucha en la acera contradice el relato que se escucha en Sol. Una vecina del inmueble asegura que
ninguna persona del edificio salió a apoyarla el día de la concentración y atribuye la movilización a gente llegada de fuera. Según su versión, la convivencia con Maricarmen era tensa y describe un trato que califica de despótico, en particular hacia el portero. Son afirmaciones de vecinos, no hechos probados, y conviene tomarlas como lo que son: una parte del conflicto, no su resolución.
La azotea, la pancarta y las compras a deber
El pastelero dice conocer a Maricarmen desde hace décadas, cuando el negocio todavía era de sus abuelos. Recuerda que llegaba a comprar dejando
compras a deber y que se presentaba como funcionaria para reclamar una autoridad que, a su juicio, no le correspondía. Su relato dibuja una relación deteriorada mucho antes de que el nombre de la mujer apareciera en pancartas y titulares.
También asegura que durante la protesta alguien usó la azotea de la vivienda para saltar a la del edificio contiguo, donde vive su familia, y colgar una pancarta que terminaron cortando. Su conclusión es que, si a una persona de verdad le estuvieran haciendo la vida imposible, él sería el primero en salir a la calle.
La placa sigue en la fachada, la mujer sigue en planta y el decreto entra en vigor igual. Una calle entera tiene versión propia; el BOE, otra. Solo una de las dos se puede retirar con una llamada.