Lionel Delgado, sociólogo experto en masculinidades: "El miedo al fracaso es el principal combustible del repruebo hombrista entre los jóvenes" :(

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

En plena era de la masculinidad frágil, un sociólogo argentino acaba de señalar a un culpable incómodo: el miedo al fracaso. Lionel Delgado, experto en masculinidades, sostiene que ese temor es el principal combustible del odio machista entre los jóvenes. La tesis, publicada en El Mundo, no ha dejado indiferente a nadie.

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Solidario García

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El despertar le llegó a fuerza de preguntar y, sobre todo, de tomarse el tiempo de escuchar la respuesta. Parece sencillo, pero aquello se convirtió en un acto revolucionario, especialmente en la sociedad de la prisa, de lo efímero, de lo taxativo. Lionel Delgado no era un hombre hombrista, o eso pensaba él, pero de repente se descubrió a sí mismo viendo tutoriales poco éticos sobre cómo ligar en YouTube y mirando con recelo ciertos postulados feministas. Cuando estudiaba Sociología descubrió ese terreno indefinido y pantanoso del género y lanzó una simple cuestión a las mujeres de su alrededor: ¿habían tenido malas experiencias con los hombres? Lo que le contaron le hizo replantearse su papel como hombre.

De aquella reflexión primigenia de este graduado en Filosofía y doctor en Sociología nació una vocación profesional como investigador, divulgador y formador en masculinidades, relaciones y cultura del repruebo, y su tesis principal de trabajo conforma hoy el hilo conductor de su primer libro, Tristes y salvajes. Políticas del deseo más allá de la manosfera (Ariel), un análisis crítico sobre los afectos, la precariedad y la crisis de vínculos que empujan a muchos varones hacia entornos digitales antifeministas. Desde su propia experiencia personal y su trabajo con adolescentes en los institutos y en la plataforma de acompañamiento juvenil Bróders, Delgado propone cambiar el foco: escuchar y comprender en lugar de sermonear con discursos teóricos. "Hay que dejar de echar broncas a los chavales", anima.

Usted se define como un hombre en constante deconstrucción. ¿Cómo llegó a la conclusión de que el enfoque tradicional con el que miramos a la 'manosfera', ese reducto de repruebo hombrista cada vez más popular en internet, era erróneo?

En un momento de mi vida, yo mismo estuve bastante cerca de habitar esa manosfera. Me obsesionaba conseguir pareja y no lograrlo me frustraba muchísimo. Me habían hecho bullying en el colegio, me sentía un completo fracasado y me asomé bastante a ese abismo. El cambio de perspectiva empezó a fraguarse cuando en la carrera abordé el feminismo, pero el verdadero clic ocurrió durante una investigación. Empecé a hacer entrevistas a las mujeres jóvenes de mi entorno sobre acoso callejero y de repente me encontré escuchando relatos terribles de mi hermana, de mi pareja de entonces y de mis amigas. Todas habían sufrido malas experiencias sensual o habían vuelto a casa con miedo. Me di cuenta de que este tipo de cosas están tan normalizadas que yo nunca les había preguntado por ellas. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? A fuerza de darle vueltas, empecé a entender que parte de mis propios dolores, de mis malestares y de mi frustración también tenía un relato de género y estaba directamente relacionada con el patriarcado y la desigualdad. Tenemos un pensamiento muy paternalista y adultocéntrico respecto a lo que está sucediendo con estos discursos entre los jóvenes. Lo planteamos como una cuestión de bilis y repruebo antifeminista, pero creo que hay de fondo afectos mucho más complejos, y si no los abordamos, jamás vamos a poder atajar el problema.

Al final, experimentar esas realidades en la propia piel le permitió cambiar por completo el foco de la investigación.

Totalmente. No somos blancos o zainos. "Soy feminista" o "Soy antifeminista". Hay un abanico enorme de posiciones muy complejas y muy confusas entre ambos extremos, también muy contradictorias. En los talleres que impartimos en los institutos no encuentras perfectos perfiles de chavales antifeministas, sino muchas dudas, mucha incoherencia y muchas ganas de poder debatir de ciertas cosas. También cuando se conectan a Bróders desde el anonimato. Sólo quieren comprender lo que les sucede, por qué hacen lo que hacen, hablar y que alguien los escuche e intente comprenderlos.

Una de las conclusiones más claras de su libro es que el núcleo de todo reside en la gestión de las relaciones. ¿Por qué resulta tan seductora la cultura del repruebo hacia las mujeres frente a otros postulados menos agresivos?

El tema de las relaciones es importantísimo. Cuando te das cuenta de que todo en la manosfera tiene que ver con las relaciones -unos están frustrados porque no ligan, otros prometen enseñarles a ligar más; unos sienten rencor porque su ex pareja les hizo daño, otros creen que las mujeres les van a manipular-, entiendes de verdad el problema. Todo gira en torno a los vínculos y estamos inmersos en una profunda crisis de los vínculos a nivel global. Se está destrozando la comunidad a velocidades asombrosas. Han desaparecido los espacios de encuentro y de intercambio. Ligar cada vez cuesta más porque está todo monopolizado por aplicaciones privadas que están sacando rentabilidad de la frustración de la gente. A esto se le suman el aislamiento, la hiperdigitalización, los algoritmos y la privatización y restricción del espacio público. Creo que en el fondo de la manosfera está latente la cuestión de los vínculos.

En el subtítulo de su obra insiste en ir "más allá de la manosfera". Describe una "manocultura" transversal que excede los foros de internet y que se encarna en figuras globales como Donald Trump o Elon Musk, quienes ensalzan valores hipermasculinos que resultan muy dañinos. ¿Qué receta de seducción hipercapitalista conecta las criptomonedas, los gimnasios, el machismo...?

Los valores neoliberales han saturado totalmente el relato del éxito y de la buena vida. Cuando planteamos el éxito ya no lo pensamos en términos de ser buen amigo, buen padre, buen descendiente, buen hermano o, sencillamente, una persona feliz. Éxito, hoy en día, significa acumulación de estatus, acumulación de capital erótico, de capital económico y de capital social, y eso nos lleva a haber naturalizado los valores de la competitividad y de la inversión, incluso en la gente que cree que no los comparte. Estamos todo el rato monitorizando nuestros hábitos de dormir, nuestros hábitos alimenticios e incluso nuestros hábitos corporales a través de aplicaciones para optimizar nuestra vida. En este contexto ganan mucha fuerza los referentes que acumulan un éxito muy visible. Gente como Elon Musk, Mark Zuckerberg o los fundadores de OpenAI aparecen como personas exitosas que han sabido moverse e invertir de manera inteligente. Se les ve más listos que nadie y, además, con una pátina un poco rebelde y políticamente incorrecta tremendamente atractiva. Creo que hay mucha chavalería que está atraída por ciertos estilos y afectos rebeldes más que por argumentos.

Habla del éxito. ¿Es el miedo al fracaso el principal combustible del repruebo hombrista?

Claro, en un momento en que todos vivimos inmersos en la idea de convertirnos en nuestro mejor yo, ser un fracasado puede ser de lo peor que nos puede pasar. El cine está lleno de historias del perdedor que de repente, se vence a sí mismo y se convierte en un superhéroe, en el amo. Todos somos unos fracasados hasta que demostramos lo contrario. Ahí es donde coge mucho peso lo políticamente incorrecto, la transgresión. Es mucho más seductor sentirte importante y valorado que sentirte un fracasado, que es de lo que hay que escapar como sea. De hecho, los chavales lo usan como insulto. Se machacan así y les cabrea mogollón.

En su libro dedica un espacio considerable a analizar lo que denomina la seducción de la violencia, ese "júbilo rabioso" que conecta con manifestaciones adolescentes, a menudo masculinas, donde el impulso es, simplemente, prender fuego a un contenedor. ¿Qué tipo de seducción ejerce la violencia?

Vivimos en sociedades muy grises, totalmente saturados y anulados emocionalmente, nos cuesta mucho sentir cosas fuertes. Estamos cada vez trabajando más, enfocados en pasiones más tristes, cansados, decepcionados y tristones. Los problemas de salud mental se han multiplicado. La agresividad y lo políticamente incorrecto son también formas de romper con esa monotonía, y son bastante divertidas. Si no reconocemos esto, no podemos entender lo atractiva que es cierta cultura. Si a los chavales les estamos proponiendo una masculinidad igualitaria que sea tranquilita, suavecita, blandita, que no ocupe mucho espacio, que estéticamente no sea muy agresiva a la hora de expresarse ni muy acaparadora, que sepa escuchar y callar a tiempo para cuidar, frente a una masculinidad rebelde, potente, cachas y atractiva socialmente, tenemos las de perder. Si lo reducimos a una simple cuestión de privilegios, pensando que se ven atraídos por los discursos de repruebo solo por no perder sus ventajas, no terminamos de entender nada. Tiene mucho más que ver con lo atractivo que resulta a nivel estético, cómodo y divertido que con los argumentos.

Otro factor determinante que analiza a través de sus propias vivencias como repartidor o camarero es la precariedad económica y la falta de perspectivas de futuro en los jóvenes.

Me gusta recurrir a la metáfora de la escalada. Yo soy una persona que puede narrarse de muchas formas. Si me preguntan quién es Lionel, digo que soy alguien a quien le gusta leer, escribir, salir de fiesta con los amigos, viajar, hacer escalada, la cerámica, dibujar o tatuarme. Tengo un montón de ejes de narración que no necesariamente pasan por decir: "Soy hombre". Esto podría entenderse como las presas de una pared de escalada: tengo muchos agarres identitarios. Pero según te van quitando agarres, te quedas en una posición en la que cada apoyo es más vital, y eso es especialmente importante en la adolescencia, cuando estamos configurando nuestro yo adulto. En esa pared de escalada, al final, uno de los puntos más fuertes y accesibles a los que asirse es el género, porque te da certidumbre, sensación de pertenencia y respuestas a preguntas supercomplejas. Cuanto más precaria es la vida de un chaval, más dificultades tiene para agarrarse a la pared. En muchos chicos que tienen vidas muy difíciles, lo único que les queda para narrarse es decir: "Soy un macho". No tienen dinero, tiempo, recursos ni aprendizajes para explorar otras facetas. Y no se les puede culpar. ¿Quién tiene energía para estar todo el rato haciéndose preguntas sobre su propio comportamiento? Para ellos, la alternativa pogre de las masculinidades igualitarias a menudo suena a palabras abstractas y teóricas como "Romper el pacto patriarcal" o "Habitar los cuidados", conceptos que a nivel práctico ni siquiera saben qué significan. Cuando les pedimos que denuncien a sus amigos acosadores, ¿qué grupo de hombres alternativo les estamos ofreciendo en su colegio para sostenerlos? En lugar de echarles la bronca, tenemos que entender que el problema es estructural.

De cara al futuro y analizando el panorama actual con el auge de los discursos reaccionarios, la desconexión comunitaria y la crisis climática, ¿se considera optimista o pesimista respecto a la posibilidad de revertir esta situación?

Se usa mucho el optimismo como una varita mágica abstracta, pero no se puede construir en el aire. Es importantísimo aceptar que no estamos viviendo una buena época y recoger ese malestar existente. Yo me defino como un pesimista alegre. Creo que los datos nos obligan a ser pesimistas, pero ese pesimismo puede ser estimulante, un motor de cambio, de conexión y de rebeldía. La indignación puede volver a ser un espacio de movilización política en lugar de un intento constante por calmar a una población que está legítimamente cada vez más cabreada.
 
Más sobre: Argentina · Desigualdad
Otro que no está seguro de su género y no liga ni siendo feminista, menudo tocho lo va a leer su progenitora si es que la conoce, al padre ya supongo que no.
 
¿Experto en masculinidad?

Ese no tiene ni idea, como tú.
 
Sociólogo experto en masculinidades... me hace gracia. Y soy Licenciado en Sociología con supervisión, qué vergüenza, de Tezanos.
 
Después de lo del mundial los argentinos han demostrado ser poco constantes.
 
En estas noticias lo mejor con diferencia siempre son los comentarios, y la demostración de cómo tenemos calados a la gente estilo Subnormario:

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Un tipo que monta empresas, que innova, que está mandando satélites al espacio es malo y fachirulo. Tenemos que aprender de este que ha estudiado sociología o no sé qué y que dice que tenemos que ser feministos.

Sí, claro que sí.
 

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