Llados, el Lamborghini en Benidorm y el negocio de vender humo a mileuristas
Alquilar un Lamborghini cuesta 1.300 euros al día y exige otros 6.000 de depósito. Quien se lo monte una semana se deja más de 9.000 euros solo por el coche, que ni siquiera es suyo. El sueldo medio español, por comparar, ronda los 1.700 euros mensuales. Esa es la distancia exacta que separa al influencer Llados de la mayoría de sus seguidores, y él lo sabe. Por eso su reciente aparición en Benidorm, a bordo de un Lambo alquilado, ha reabierto la polémica sobre su modelo de negocio.
El alquiler que cuesta medio año de sueldo
Los cálculos que circulan estos días son demoledores. Con el dinero que Llados paga por un solo día de alquiler del Lamborghini, un trabajador medio podría cubrir tres semanas de la compra. El depósito de 6.000 euros equivale a cuatro meses de salario mínimo. Y, sin embargo, el personaje se dedica a proclamar que cualquiera puede llegar a su nivel si abandona la mentalidad de “mileurista”.
La ironía no se le escapa a nadie: el coche no es suyo. Las críticas más afiladas apuntan a que el lujo exhibido es un atrezzo, lo mismo que los Rolex y los viajes que aparecen en sus redes. La imagen del “ganador” se sostiene con alquileres y publicidad, mientras el producto que vende es un curso de desarrollo personal disfrazado de educación financiera.
El negocio de la «universidad» de Llados
Detrás del espectáculo hay un modelo de negocio que varios analistas califican de esquema piramidal. La mecánica es conocida: se capta a personas desesperadas o con baja autoestima, se les promete una transformación radical y se les venden masterclasses a precio elevado. Los testimonios de éxito acaban siendo tan falsos como el Lambo: el propio Llados presumía de un alumno estrella que, según ha trascendido, vivía de prestado, con relojes falsos y coches alquilados.
Lo más inquietante, apuntan los críticos, es el perfil de los alumnos. No son inversores con capital, sino gente vulnerable que busca una salida. La terminología del entorno recuerda a las sectas: mentor, tribu, mentalidad ganadora. Y el resultado es que quienes más necesitan el dinero son los que acaban financiando el estilo de vida del gurú.
¿Envidia o denuncia? La grieta en la audiencia
La reacción pública se divide en dos grandes bloques. Hay quien ve a Llados como un personaje, un arquetipo del exceso que simplemente interpreta su papel. Desde esa óptica, las críticas serían pura envidia: el tipo ha logrado vivir de la imagen, y punto. Son los mismos que aplauden su uso del inglés macarrónico y su estética de polígrafo barato.
En el lado contrario están los que denuncian una estafa con víctimas reales. Señalan que el dinero de los cursos sale de gente con problemas de salud mental, que el mensaje es tóxico y que el modelo se alimenta de la desesperación. La diferencia entre ambos bandos no es estética, es ética: ¿se puede considerar un simple personaje a quien construye su fortuna sobre la vulnerabilidad ajena?
El ruido de fondo de la economía digital
El fenómeno Llados no se entiende sin el caldo de cultivo de la precariedad. Cuando el empleo estable escasea y los salarios no dan para soñar, el mensaje de “hazte rico sin esfuerzo” encuentra terreno abonado. Los gurús digitales llenan el vacío que dejan la educación financiera y la movilidad social.
Benidorm, ciudad del exceso y de jubilados, es el escenario perfecto para la paradoja: el Rey del Aura paseándose entre turistas que cobran pensiones modestas. Al final, la pregunta no es solo si Llados es un farsante, sino por qué una sociedad que desprecia al mileurista crea héroes que le venden espejitos por el precio de un depósito de Lamborghini.
Los tribunales, de momento, no han dicho la última palabra sobre el modelo de negocio. Mientras tanto, el Lambo seguirá aparcado en el imaginario de quienes lo alquilan por horas para aparentar lo que no son. Y la otra pregunta queda en el aire: ¿cuántos depósitos de 6.000 euros harán falta para que alguien se canse de pagar la gasolina de los sueños ajenos?