El radar de emisiones de Madrid: control o recaudación
Madrid ha estrenado un radar capaz de medir en tiempo real las emisiones de los coches sin detener el tráfico. Localizado en exclusiva por OKGREEN, es el primer dispositivo de este tipo en España y puede acarrear multas de hasta 3.000 euros para los más contaminantes. La tecnología, de OPUS RSE, se apoya en una nueva norma UNE que habilita a las administraciones a sancionar. Hasta ahí, la versión oficial. El problema aparece al rascar.
La ITV como escudo legal
La objeción más repetida es la contradicción con la ITV. Si un coche ha pasado la inspección, sus emisiones deberían estar en orden. Si están en orden, ¿por qué multarlo? La norma UNE permite perseguir a los grandes emisores incluso con la pegatina en vigor, pero esa doble vía choca con la lógica jurídica y anticipa recursos. Un vehículo que ha sido considerado apto por un organismo oficial se convierte, de golpe, en un foco de contaminación sancionable.
El valor forense de la nube de partículas
Hay una segunda pega, más técnica. Las partículas que mide el radar no son exclusivas del coche que pasa: se mezclan con las de los vehículos anteriores y con el aire ambiente. Atribuir a un conductor concreto una medición hecha al aire libre es, cuando menos, discutible. Sin un marcador inequívoco, los pleitos están servidos. Y a todo esto se añade la sospecha de fondo: en un país donde las multas por zonas de bajas emisiones ya superan los 600 millones de euros, un nuevo radar con sanciones de hasta 3.000 euros huele a recaudación selectiva.
El dispositivo ya está operando. Mientras los ingenieros pulen los algoritmos, los abogados afilan sus recursos. A falta de jurisprudencia, la única certeza es que a partir de ahora conducir un diésel viejo por Madrid incluye una dosis extra de lotería: si el radar te caza, la papeleta te la llevas tú. La contaminación, en cambio, sigue repartiéndose entre todos.