Argentina: del peso a 1.000 al escenario de un peso a 200
Llenar el carro y que los precios sigan siendo los mismos que ayer. Esa es la escena con la que se explica qué ha cambiado en la
economía argentina: no un
milagro, sino una inflación más contenida que, según quienes lo cuentan, ya no cambia los precios de un día para otro. Sobre esa base se está construyendo un relato mucho más ambicioso, el que sostiene que Argentina no está ordenando sus cuentas, sino cambiando de escala. Con la inflación mensual estabilizada en torno al
4% desde mayo y un
2,7% en octubre, el dato más bajo en tres años, la pregunta ha dejado de ser cuánto aguanta el plan para pasar a ser cuánto puede crecer el país. Y en ese terreno las cifras se vuelven, como poco, mareantes.
¿Puede Argentina duplicar su PIB en dólares cada tres años?
Ese es el escenario que se maneja, no una previsión oficial. Bajo la hipótesis de una moneda nacional que se aprecia —el peso pasando de los
1.000 actuales a 200 por dólar, cinco veces menos—, todo lo que Argentina mide en pesos valdría en euros cinco veces más. Con ese punto de partida, el PIB medido en dólares podría duplicarse cada tres años durante dos lustros, y hay quien no descarta duplicarlo en un solo ejercicio. La aritmética no es discutible: un tipo de cambio que se aprecia infla el PIB nominal en dólares aunque no se produzca un kilo más de carne ni un litro más de crudo. Otra cosa es llamar a eso riqueza. Como admite quien plantea ese escenario,
el Excel lo aguanta todo.
Los datos macro que alimentan la expectativa
El cuadro que se cita procede de un informe de
BBVA Research: la economía argentina muestra signos de recuperación desde el
tercer trimestre de 2024, la inflación se ha estabilizado alrededor del 4% mensual desde mayo y se espera un crecimiento del
PIB del 6% en 2025. El dato de octubre, con una subida de precios del 2,7% mensual, la más baja en tres años, se presenta como la prueba de que el proceso avanza pese a los desafíos pendientes. A ese cuadro se añaden medidas concretas: la retirada de la ley de góndolas y el fin de los impuestos que, al comprar cualquier producto en el extranjero, llegaban a duplicar su precio final. El
cepo cambiario sigue en vigor y su eliminación se plantea como la próxima estación, junto con el objetivo de ganar las elecciones legislativas.
Vaca Muerta, litio y el regreso de los dólares
El argumento central no es monetario, es de recursos. Oil and gas, litio, minerales y agro configuran, se dice, un potencial exportador que no necesita reformas para existir, solo capital que quiera explotarlo. Sobre esa base se sostiene que el dinero volverá al país
a raudales, que los impuestos a las empresas caerán con fuerza y que la corrupción dejará de ser un freno formidable. El multiplicador que se dibuja es doble: entran divisas por exportaciones y, a la vez, la desregulación abarata producir. Es la parte del relato más difícil de rebatir con datos, porque el recurso está bajo tierra; la duda está en el ritmo y en el marco legal que lo permita.
El precedente de los noventa y la trampa del ciclo político
El escepticismo no discute los recursos, discute la duración. El espejo que se pone encima de la mesa es la década de los noventa: un gobierno que parecía hacer despegar el país y que terminó en el desastre del año 2000, seguido de dos décadas de gobiernos peronistas y kirchneristas y de miseria. Sobre esa base se formula la objeción estructural: en una democracia nadie aguanta más de ocho años en el poder, ni siendo buen gestor ni siendo malo, de modo que para encadenar tres décadas brillantes haría falta una racha de cuatro o cinco dirigentes competentes, y la estadística juega en contra. Milei tendrá cuatro años, se recuerda, y después puede llegar el signo contrario a desmontarlo todo.
Buenos Aires no es Madrid: lo que el PIB en dólares no mide
El contraste llega desde la experiencia de quienes han vivido allí. La descripción que se repite es la de una ciudad que fue mucho más de lo que es: poco consumo, poca actividad, personas sin hogar en los mejores distritos y un aspecto general de haber conocido tiempos mejores. Una de las comparaciones más duras que circulan es que el mejor barrio de Buenos Aires sería más inseguro que el peor barrio de una localidad del sur de Madrid. A eso se suma una discusión sobre el tejido productivo: España tendría automoción, farmacéutica, petróleo y turismo, mientras Argentina exportaría petróleo y alimentos, sin punto de comparación en estructura industrial. Y una parte del análisis añade un freno demográfico y social de fondo —pobreza estructural y llegada constante de población sin patrimonio ni formación— que, sostiene, limita cualquier despegue por competitivo que sea el marco.
Con un crecimiento del 6% proyectado para 2025 y un escenario en el que el PIB medido en dólares se duplica sin descanso, la discusión no está en si los números pueden moverse rápido. Está en qué se mide. El mismo país que se imagina con el peso a 200 por dólar sigue teniendo, según quienes lo recorren, su mejor barrio comparándose con Parla.