AEMET y el termómetro que no cuadra: del pánico a los 47°C a los 39°C reales
La última ola de calor anunciada por la AEMET prometía ser histórica: 47°C en el sureste, algo nunca visto. Pero a las 15:24, mientras los titulares aún hablaban de temperaturas infernales, un termómetro de mercurio en un patio interior marcaba 39°C. La agencia había reculado horas antes, rebajando la previsión a 43-44°C, pero aún así, la realidad se quedó ocho grados por debajo.
El episodio reaviva el escepticismo hacia los avisos meteorológicos, con críticas que van desde el error técnico hasta la sospecha de “terrorismo informativo” –término acuñado en círculos escépticos. La medición casera, con un termómetro de cerveza artesanal, se convierte en el “instrumento de precisión” que desmonta la alerta roja.
Este año, según los registros, solo se ha batido un récord de temperatura: el prematuro de junio en Bilbao. Las olas de calor anunciadas se desinflan. La tercera ola climática que iba a ser la peor se ha quedado en nada. Entre el “mentirólogo” y la prevención responsable, la AEMET tiene un problema de credibilidad que no se arregla con más alertas.