Increpan a Alvise en Ceuta y nadie se pone de acuerdo sobre quiénes eran
¿Quiénes increparon realmente a Alvise y a Vito en su visita a Ceuta? La noticia, adelantada por El Mundo, disparó una polémica tan rápida como malhumorada. El diario titula que los ceutíes recibieron a los políticos de Se Acabó La Fiesta con gritos, pero a renglón seguido precisa que los manifestantes eran «de origen marroquí». Ahí empezó el fuego. En un país donde la identidad política se lee en el origen, la matización no podía dejar indiferente a nadie. Unos leen un intento de deslegitimar la protesta; otros, una prueba de que lo ocurrido va de otra cosa.
El escepticismo no tardó en transformarse en acusación directa. «Es falso», se repite por redes; los allí presentes habrían sido, según esta versión, «agentes marroquíes que ni siquiera hablan bien español». Sin pruebas más allá del vídeo que corre como pólvora, la discusión derivó hacia el clásico quién es español de verdad. En paralelo, los críticos de Alvise ironizaban con que sus votantes tampoco salen bien parados en la comparación, mientras otros recordaban que Alvise no es precisamente un santo para sus acólitos.
Lo curioso del episodio no es el abucheo, que en política es moneda corriente. Es la disputa por el perfil de los abucheadores: exactamente el tipo de batalla en la que las pruebas importan menos que el relato. Que un medio diga «ceutíes» y luego precise «marroquíes» parece un ejercicio de precisión interesado. O no. A estas alturas, da igual: la versión ya no se discute, se defiende a capa y espada. Al final, lo único objetivo en todo esto es que Alvise y Vito se fueron de Ceuta sin aplausos y con un culebrón adicional. Hagan sus apuestas sobre cuánto dura el «fake» antes del siguiente «prueba».