Lo que se viene si gobierna el PP: mismo guion, más tensión social
El debate sobre el próximo ciclo político no gira en torno a si habrá cambio, sino a cuánto se parecerá el cambio a lo que ya hay. En el subforo de Economía se ha instalado la tesis de que un eventual Gobierno del PP, con o sin Vox, aplicará una política económica continuista: subidas de impuestos, ajuste del gasto y gestión de una crisis que ya está en marcha. La discusión no es menor porque afecta a pensiones, salarios y al coste de la vida de millones de hogares.
El punto de partida que manejan quienes siguen el asunto es que el PP ya gobernó dos veces y en ambas tocó las pensiones. Se recuerda que la mayor rebaja del sistema público de pensiones en Europa no fue la de 1985, sino la que vino después, y que en 1975 bastaba con seis años cotizados para cobrar una prestación calculada sobre los dos mejores años. La comparación sirve para sostener que el partido no es ajeno a los recortes cuando toca cuadrar cuentas.
¿Qué medidas fiscales se esperan de un Gobierno del PP?
La lista que circula es concreta. En julio de 2012 el tipo general del IVA pasó del 18% al 21% y el reducido del 8% al 10%. Se aplicó un gravamen complementario de solidaridad en el IRPF que elevó los tramos entre un 0,75% y un 7%. En Sociedades se eliminaron deducciones para grandes empresas y se fijaron pagos fraccionados mínimos para acelerar la recaudación. Y se aprobó una amnistía fiscal para regularizar dinero negro.
Ese paquete es el que algunos analistas toman como referencia de lo que puede repetirse. La diferencia, sostienen, es que ahora el margen es menor porque el gasto público ya está tensionado por pensiones y sanidad. El cálculo completo, con el detalle partida a partida, da una diferencia que sorprende a quien solo mira el titular.
El choque entre paz social y conflicto en la calle
Hay quien defiende que la conflictividad laboral es letal para la economía y que una victoria de la derecha rompería la paz social de los últimos ocho años. Frente a eso, otra corriente responde que la paz social era en realidad resignación, y que los mismos que ahora callan saldrían a quemar calles si gobierna el PP. La discusión deriva hacia si el orden público es un activo económico o una simple tregua.
La tensión se traslada a la calle. Se especula con una huelga de transporte que vacíe supermercados y con protestas masivas si se toca el sistema de pensiones. El escenario que se dibuja es el de un Gobierno con mayoría frágil enfrentado a una movilización sostenida, algo que no ocurrió con la misma intensidad en el ciclo anterior.
Inmigración, demografía y el mercado laboral
El otro eje del debate es la política migratoria. Se argumenta que un Gobierno del PP mantendría o ampliaría la llegada de trabajadores extranjeros porque la patronal necesita mano de obra para sostener beneficios. Se citan cifras como 1,2 millones de sudamericanos al año, 1,5 millones de migrantes desde Latinoamérica y un escenario de 60 millones de habitantes en 2030, con 20 millones de origen latinoamericano. Son proyecciones que se lanzan sin respaldo estadístico en la discusión.
La crítica no es solo económica. También se señala que el PP conserva las medidas que encuentra, como hizo con las leyes de Zapatero, y que sus complejos le llevan a ser más papista que el Papa en políticas de memoria o violencia de género. Ese continuismo, dicen, le hace igual o más peligroso que la izquierda para quien esperaba un giro.
La guerra como riesgo geopolítico
Un tercer frente, menos transitado pero presente, es el exterior. Se advierte de que el PP podría embarcar a España en un conflicto con Rusia si se lo pide la UE o Estados Unidos, mientras que un Gobierno socialista tendería a escurrir el bulto. La discusión mezcla defensa, energía y dependencia exterior sin llegar a conclusiones operativas.
El resumen del estado de ánimo es que nadie espera un cambio real. La sensación dominante es que las elecciones eligen al gerente de turno y que las decisiones de fondo se toman fuera. Con ese punto de partida, el análisis se atasca exactamente donde empezó: en si el PP aplicará el mismo recetario que ya aplicó, y en si eso bastará para contener una conflictividad social que muchos dan por descontada.