Lonchafinismo empresarial: el arte de cobrar lo mismo por menos
Un queso que antes pesaba un kilo ahora se vende en envase de 900 gramos al mismo precio. No es un error de etiqueta ni un cambio de formato: es lonchafinismo en estado puro, la práctica silenciosa de reducir la cantidad de producto manteniendo el precio. Lo detectó un comprador en la sección de embutidos, pero el truco no es nuevo: las pizzas llevan años reduciendo la cobertura de ingredientes sin tocar el cartel, y las lonchas de jamón envasado se han vuelto tan finas que cuesta separarlas enteras.
Una inflación que no aparece en el IPC
Mientras el INE mide la subida de precios, las empresas juegan con los gramajes. La reducción de peso o volumen —sin cambiar el precio— es una forma de inflación encubierta que no se refleja en las estadísticas oficiales. El consumidor paga lo mismo pero lleva menos producto a casa. El lonchafinismo no es un invento del Mercadona, aunque la cadena valenciana lo practica con asiduidad: quesos, yogures que pasan de packs de 4 a 6 unidades sin rebaja, o las codiciadas cervezas que aumentan de tamaño pero no de precio —aquí al revés, pero igual de tramposo.
La respuesta del consumidor: cambiar de supermercado o de hábito
Algunos ya han tomado nota. Si el Hacendado sube de precio o reduce cantidades, el Lidl gana adeptos. Otros recurren al método acierto-error: probar segundas marcas para no sentirse estafados. Pero el verdadero problema es la falta de transparencia: una reducción de producto no se anuncia, se oculta en la letra pequeña. El dato que descoloca: esta práctica no es nueva. Ya en tiempos de Simago, la leche condensada de marca blanca se vendía en latas milimétricamente más pequeñas que la original, justo lo justo para rentabilizar el precio. Las empresas han perfeccionado el arte durante décadas.
Debates relacionados en el foro