Chabolas de dos plantas: el chabolismo de Ceuta crece en vertical
Una chabola de dos plantas. Con escalera, con vecinos y con vistas. La imagen ha dado la vuelta a las redes y ha reabierto una herida que Ceuta arrastra desde el desbordamiento del Tarajal: el asentamiento informal ha dejado de crecer a lo ancho y ha empezado a hacerlo hacia arriba. Se ha bautizado como chabolismo vertical, aunque en el fondo sea la miseria de siempre, ahora con segunda planta.
¿Por qué aparecen chabolas de dos plantas en Ceuta?
La mecánica es la de todo asentamiento que se queda sin suelo. Cuando el espacio disponible se agota —arena, acera, descampado— la única salida es apilar. Se describen estructuras con un almacén abajo y vivienda arriba, levantadas sin licencia, sin proyecto y sin cálculo estructural. La broma recurrente las llama
chaboscrapers y compara el resultado con Benidorm, con una favela o con un poblado de videojuego. La guasa esconde algo menos gracioso: donde no hay suelo, se construye sobre lo construido.
Conviene no olvidar el espejo. La propia España de los años cincuenta y sesenta levantaba casas de noche y a escondidas en la periferia de Madrid, con la tolerancia intermitente de las autoridades de la época, que veían en aquello una forma barata de resolver un problema de vivienda que nadie quería mirar de frente. El paralelismo con Ceuta no es casual, y por eso incomoda.
Quién tiene la competencia para derribar las chabolas
El foco apunta al presidente de la Ciudad Autónoma, Vivas. El reproche más repetido es que, si las estructuras ocupan suelo público, no hay razón para no desmontarlas. La respuesta que se ofrece desde el otro lado distingue dos cosas que se mezclan a propósito: expulsar a personas no es competencia municipal; demoler estructuras levantadas sin permiso, en cambio, sí depende del Ayuntamiento. En esa grieta se instala el enfado vecinal, que también señala a la Delegación del Gobierno.
No es un terreno sencillo. La frontera del Tarajal, el estatuto jurídico de Ceuta y la dependencia de las decisiones que se toman en Madrid convierten cualquier actuación en un laberinto de competencias que se empuja de una administración a otra.
Cien días y más de 15.000 personas: el atasco del Tarajal
La cifra que más circula es 15.000. Serían las personas en situación irregular que, cien días después del desbordamiento, seguirían moviéndose por la ciudad sin expediente resuelto. Sobre ese número se apilan las quejas por limpieza y salubridad en la zona y la advertencia de que la playa acabará cerrada por contaminación del agua y la arena. Ninguna de esas cifras está validada por fuentes oficiales en el material disponible: son estimaciones y temores de quien vive el barrio a diario.
Badalona y el desalojo que llega tarde: el patrón que se repite
Hay un precedente que se cita para explicar la lentitud: la nave de Badalona. La tesis que circula es que el desalojo se retrasó a propósito mientras el problema crecía, hasta que la opinión pública aceptó la medida como inevitable. Trasladado a Ceuta, el resultado sería el mismo: dejar que la situación se degrade para justificar después lo que hoy no se hace. La política tiene estas cosas.
Queda el dato que descoloca. Una vivienda levantada sin permiso, con vistas al mar y sin cédula de habitabilidad, podría acabar pidiéndose por 380.000 euros dentro de un par de años. Es una broma, pero mide bien el absurdo: el ladrillo, legal o no, siempre acaba en el mismo mercado.