La crisis de Ceuta y el relato de la sumisión
La crisis de Ceuta ha vuelto a colocar a Marruecos en el centro del debate político. Mientras el gobierno español exculpa al reino alauita de cualquier responsabilidad, una parte del análisis sostiene que la actitud de Pedro Sánchez ante Mohamed VI es la de un subordinado que espera órdenes. La cita del Quijote sobre la desconfianza hacia los extranjeros se ha convertido en un argumento recurrente para quienes ven en esta relación una entrega inaceptable.
¿Sumisión o estrategia?
Las posturas se dividen. Por un lado, quienes consideran que el gobierno español actúa por debilidad, cediendo a los intereses marroquíes a cambio de contrapartidas no declaradas. Por otro, quienes sostienen que la crisis de Ceuta es un episodio más de una estrategia geopolítica orquestada desde Washington. En esta lectura, el asalto de Ceuta contaba con el beneplácito de la CIA, con el objetivo de debilitar a la UE en varios frentes: el norte (Groenlandia), el sur (Ceuta), el este (Ucrania) y el energético (Ormuz). No sería un problema bilateral, sino una pieza en el tablero de la rivalidad entre potencias.
El problema interno
Hay una tercera vía que apunta hacia dentro. Quienes la defienden argumentan que el verdadero problema no es Marruecos, sino el propio gobierno español, al que acusan de estar “dirigido” por intereses externos. En esta visión, un gobierno con más determinación habría respondido con firmeza ante la presión marroquí, sin temor a las represalias de EEUU o Israel. La sensación de que la amenaza ya está dentro, y no a las puertas, resume esta corriente.
Lo cierto es que la crisis de Ceuta no es un episodio aislado. La relación con Marruecos es un tablero de ajedrez donde se mueven piezas que van más allá de la diplomacia bilateral. Mientras el gobierno insiste en su relato, la percepción de que la sumisión es real se extiende. La pregunta es si esa percepción es un síntoma de paranoia o una lectura lúcida de la realidad. El tiempo, y las próximas crisis, lo dirán.