Once meses y a la calle: la trampa que se come el alquiler español
«Alquiler de temporada con estancia mínima», «perfecto para profesores visitantes», «disponible de septiembre a junio». No es un anuncio suelto. Es el patrón dominante en los portales inmobiliarios de las 52 capitales de provincia. El análisis publicado el 9 de septiembre de 2026 —y actualizado dos días después— cifra ya en la mitad la proporción de ofertas de alquiler en España que se anuncian como temporada. La fórmula se dispara en las capitales de Catalunya, Euskadi y Galicia, justo donde las zonas tensionadas aprietan más. El decreto que debía limitar la práctica sigue aparcado.
Qué exige la LAU para que un alquiler sea de temporada
El error de lectura más extendido consiste en creer que once meses bastan para esquivar la ley de vivienda. No es así. La LAU trata como uso distinto de vivienda los arrendamientos celebrados por temporada, y la jurisprudencia insiste en que lo que califica el contrato no es la duración pactada sino la finalidad: que el inquilino tenga su residencia habitual en otro sitio y esté ahí por estudios, trabajo o motivo análogo. Si lo que cubre es una necesidad permanente de vivienda, es arrendamiento de vivienda aunque el papel diga temporada. La trampa no es legal. Es de hecho.
Por qué nadie demanda al casero del piso en el que vive
Ahí está el nudo. Que un contrato de temporada encubra una vivienda habitual solo lo declara un juez, y para eso hay que demandar al propietario del piso que necesitas seguir ocupando. El cálculo no sale: pleito, meses de incertidumbre y un casero que, en el mejor de los casos, no renueva. Quien sostiene que son alquileres fraudulentos y sancionables tiene la norma de su lado; quien responde que la sanción solo llega si alguien la pide tiene la práctica de su lado. Las dos cosas son verdad a la vez.
El termómetro discutido: portales frente a canales cerrados
Buena parte del escrutinio se dirige a la fuente. Los grandes portales, se argumenta, reciclan anuncios que ya no están en mercado y maquillan la foto de la oferta; además, una porción creciente del alquiler real circula por vías opacas: grupos de mensajería, redes sociales, listas de colegios profesionales, sanitarios, funcionarios, estudiantes. Será un termómetro imperfecto y sesgado. Pero si la muestra exagera y aun así sale la mitad, conviene preguntarse en qué se ha convertido el resto.
El dato que descoloca no es la cifra nacional, sino lo que se maneja para Barcelona: menos del 10% del parque de alquiler de la ciudad ya no sería de once meses. Y el decreto, mientras tanto, sigue sin llegar.