La autodefensa se abre paso en Ceuta ante el colapso migratorio
Mientras Defensa anuncia el despliegue de dos fragatas y dos buques frente a la presión marroquí, en las calles de Ceuta la consigna que circula entre vecinos es otra: no esperar. Grupos de WhatsApp, silbatos, chalecos reflectantes e incluso protecciones caseras contra arma blanca. La paradoja es difícil de sostener: en una ciudad española, los ciudadanos se organizan para defenderse como si el Estado no fuera a llegar. No es un simulacro. Y a juzgar por el tono de los mensajes que se mueven por los canales vecinales, muchos ya han asumido que no llegará.
La playa del Trampolín, nuevo campamento improvisado
El detonante más visible es numérico. Más de un millar de migrantes sin espacio en el CETI han convertido la playa del Trampolín de Ceuta en un campamento improvisado. La imagen, difundida por 20minutos, muestra la saturación de un centro que ya no puede absorber más llegadas. Mientras tanto, el Ministerio de Defensa responde con un despliegue disuasorio: dos fragatas y dos buques ante la presión de Marruecos en la frontera. La pregunta incómoda es si esa disuasión va dirigida al vecino del sur o a los propios ciudadanos, que empiezan a tomar posiciones por su cuenta.
Autoorganización vecinal: del silbato al cartón blindado
Los manuales de autodefensa que circulan no tienen nada de institucional. Son listas prácticas: crear grupos de WhatsApp por manzana, silbatos baratos para dar la alarma, chalecos reflectantes para identificarse entre vecinos, y desconfianza total hacia las fuerzas de seguridad, hasta el punto de recomendar no grabar nada con el móvil. Entre los consejos más comentados está el de cubrirse pecho y espalda con cartón grueso bajo la ropa como protección anticorte, un sistema que, se asegura, resiste el envite de un cuchillo. Puede sonar a escena de película, pero es la literalidad de quien ya no cree en los tiempos de respuesta oficiales. El cálculo completo de la desprotección, con mapas de turnos y protocolos, circula en los canales internos y no aparece en ningún parte oficial.
La dimensión geopolítica: Marruecos y el juego de las presiones
El contexto va más allá de Ceuta. Se menciona un proyecto para levantar un puesto militar marroquí con capacidad para 150 personas, una infraestructura que algunos leen como un mensaje de Rabat. Las lecturas geopolíticas se disparan: hay quien ve el asunto como un viejo proyecto imperialista de Marruecos y quien lo enmarca en una lógica global de control, con referencias a la obra de Mark Leonard y su concepto de “no-paz”. Movimientos como el de Meloni en Italia, tomar medidas duras y recibir respuesta con reciprocidad, sirven de advertencia: iniciar una partida sin cartas suficientes puede acabar mal. Los mensajes más escépticos recuerdan que el temido 8 de agosto pasó sin la invasión anunciada.
El malestar político: impuestos, armas y sensación de abandono
La discusión de fondo es económica y política a la vez. De qué sirve pagar impuestos si, se argumenta, los recursos se usan para financiar organizaciones humanitarias o mantener a un cuerpo de seguridad que no protege. La respuesta que circula es cruda: la coerción legal es lo único que sujeta a quienes querrían pasar a la acción; el respeto, dice el análisis, hace tiempo que se perdió. Un argumento muy repetido resume la impotencia: una población de 50.000 habitantes no puede hacer frente a un vecino con 30 millones de personas sin un gobierno en condiciones. De ahí la conclusión que va ganando terreno: o el Estado actúa, o los ciudadanos lo harán por su cuenta.
La pregunta abierta es si esta autoorganización es un síntoma de resiliencia o el primer ensayo de algo ingobernable. Los partes oficiales hablan de fragatas y de contenciones. Los canales vecinales, de cartón contra cuchillos y de silbatos para despertar al barrio. La distancia entre ambos relatos es, por ahora, la medida exacta del problema.