Vacaciones a crédito: la deuda de verano escala un 91% en una década
¿Quién se endeuda para irse quince días a la playa? Más gente de la que parece. Los datos del Banco de España confirman que la concesión de créditos al consumo entre marzo y junio alcanzó 16.762 millones de euros, un 12% más que el año anterior. Es la cifra más alta en dos décadas y un 91% superior a la de hace una década; solo el 2006 y el 2007, con la burbuja inmobiliaria en pleno apogeo, la superan.
La excusa de la inflación
Hay quien defiende el préstamo como una operación casi gratuita. Financiar 3.000 euros al 12,5% a doce meses cuesta unos 200 euros, y con una inflación de dos dígitos el dinero en el banco pierde valor con el paso de los meses. El argumento se sostiene hasta que aparece la letra pequeña: el descubierto, las comisiones y después septiembre. La inflación también se come al banco, pero no son sus directivos quienes esperan en la cola del supermercado.
Deuda como ansiolítico social
Una segunda lectura ve en estos créditos el intento de sostener un simulacro de normalidad. El préstamo para las vacaciones funcionaría como un ansiolítico social: pagar para parecer que se puede, aunque la cesta de la compra y el alquiler digan lo contrario. No sería mala administración individual, sino la fotografía de un país entero viviendo por encima de sus posibilidades mientras el euríbor se instala en niveles incómodos. Luego llegan los lloros, que dirían los prudentes.
Así que el crédito al consumo marca máximos de dos décadas justo cuando los tipos suben. Los bancos, encantados; el verano, salvado; y septiembre, esperando en la puerta. La vida son dos días, pero la deuda vuelve cada año.