32 bajas cubanas en 5 minutos: la operación que liquidó la élite de Maduro
El gobierno cubano se vio forzado a reconocer la muerte de 32 militares de sus fuerzas especiales durante la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. La cifra, confirmada por Miguel Díaz-Canel, desvela la magnitud de una operación que liquidó el anillo de seguridad del dictador sin bajas conocidas entre los asaltantes. La pregunta que divide el análisis: ¿combate leal o ejecución sumaria?
Una batalla sin cadáveres a la vista
Mientras La Habana admite la pérdida de sus «avispones negros», la ausencia de imágenes de los cuerpos alimenta las dudas. Un sector sostiene que los Delta Force actuaron con precisión quirúrgica, eliminando a los escoltas en un enfrentamiento rápido. Otros apuntan a que los cubanos fueron ejecutados tras rendirse, basándose en la desproporción de bajas y en testimonios sobre la nula resistencia venezolana. La versión oficial estadounidense guarda silencio, lo que no ayuda a disipar la niebla.
La traición interna como clave
Diversas fuentes apuntan a que la mayoría de las bajas cubanas se produjeron por fuego de militares venezolanos sobornados, no directamente por las fuerzas especiales. Un conocido exiliado cubano relata que hubo un combate previo entre cubanos y venezolanos, y que los Delta se limitaron a extraer a Maduro. Esta versión explicaría las cero bajas aliadas: la lucha fratricida hizo el trabajo sucio. La operación se habría cimentado en meses de sobornos a generales bolivarianos, corrompiendo las lealtades.
El mito de las élites cubanas
La imagen de las unidades especiales cubanas, entrenadas en Rusia para soportar condiciones extremas, queda en entredicho. El resultado 32-0 no admite paliativos. Incluso entre los críticos de la intervención estadounidense se reconoce que la propaganda castrista infló las capacidades de sus soldados. La pregunta que queda es si la derrota es solo táctica o revela una podredumbre más profunda en las fuerzas de seguridad del régimen.
Lo que nadie explica es por qué, si había una red de inteligencia tan densa, nadie anticipó la incursión. O quizá sí, y el precio de cada lealtad ya estaba fijado.
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