La regularización de 2026 dispara el empleo extranjero y reabre el debate del efecto sustitución
La regularización extraordinaria de inmigrantes ha inyectado 337.900 afiliados nuevos a la Seguridad Social en apenas unos meses. El mercado laboral acelera a un ritmo no visto desde 2022, pero la pregunta incómoda es si ese empleo sale de la misma bolsa que antes ocupaban los españoles. El propio organismo que ha analizado el fenómeno, Funcas, reconoce que no puede responderla con los datos disponibles.
Los números de la regularización
Hasta el 31 de agosto, la regularización había sumado 337.900 afiliados nuevos, de los cuales 203.400 son hombres y 134.500 mujeres. El efecto es tan masivo que ha alterado por completo la evolución del empleo registrado. En agosto, un mes en el que la afiliación suele caer por el fin de la temporada turística y el regreso de los profesores, se perdieron 162.840 afiliados en términos agregados. Sin embargo, los cotizantes extranjeros aumentaron en 39.500, cuando lo normal es que también bajen. Esa anomalía es el rastro directo de la regularización.
Qué dice Funcas realmente
El análisis de Funcas, recogido por El Confidencial, plantea dos hipótesis sobre el efecto de la regularización. La primera es la del efecto sustitución: muchas empresas, al disponer de repente de una masa importante de trabajadores extranjeros a los que pueden contratar gracias a la regularización, habrían preferido echar mano de ellos en lugar de contratar a españoles. La segunda es la del efecto composición: los regularizados podrían estar ocupando empleos que ya existían en la economía sumergida, de modo que su afloramiento no desplazaría a nadie, sino que simplemente sacaría trabajo negro a la luz.
Pero hay un matiz crucial que el titular del debate tiende a ignorar. La propia nota de Funcas advierte de que no se sabe cuántos de los regularizados ya trabajaban antes en negro ni cuántos empezaron después, lo que impide valorar la tendencia actual del mercado laboral. Es decir, el organismo no concluye que haya sustitución; concluye que no puede descartarla ni confirmarla con los datos disponibles. Quienes se apresuran a ver en el estudio una confirmación del desplazamiento de trabajadores españoles están leyendo más de lo que el papel dice.
El debate de fondo: sustitución o empleos que nadie quiere
La discusión se polariza en dos corrientes. Una sostiene que la llegada masiva de trabajadores dispuestos a aceptar el salario mínimo interprofesional presiona a la baja los salarios y desplaza a los españoles que no están dispuestos a trabajar en esas condiciones. Se argumenta que el parado español medio tiene 45 años, vive en su ciudad, cobra el paro y busca algo parecido a lo que tenía, mientras que el puesto que ocupa el inmigrante es campo en Almería, hostelería o cuidados de mayores. En esa lectura, no compiten por el mismo puesto en el 80% de los casos.
La corriente contraria apunta que el problema no es la sustitución, sino la calidad del empleo que se crea. España genera trabajo de muy bajo nivel: cuidado de personas mayores, hostelería, agricultura, construcción y poco más. Los españoles cualificados se van al extranjero o se preparan oposiciones, y los que no, rechazan empleos precarios. En este escenario, los inmigrantes no quitan trabajo, sino que ocupan los huecos que los nacionales no quieren cubrir. El matiz es relevante: si el empleo fuera decente, la sustitución no sería necesaria.
Hay además un tercer elemento que complica el análisis: la economía sumergida. Algunos testimonios apuntan a que una parte de los regularizados ya trabajaba en negro y cobraba ayudas al mismo tiempo, lo que encajaría con la hipótesis de composición. Otros relatos, en cambio, describen empresas que tras contratar masivamente a trabajadores extranjeros vieron caer la calidad del producto, la gestión y, finalmente, la viabilidad del negocio. Son casos aislados, pero dibujan una realidad más compleja que la simple sustitución de empleo.
La paradoja del paro y la presión salarial
Mientras tanto, la cifra oficial de paro no refleja el total real. Si se suman fijos discontinuos inactivos y personas que ya no buscan empleo, la cifra podría superar los cuatro millones. Esa paradoja -paro alto y entrada masiva de inmigrantes- se explica en parte porque los perfiles no coinciden. El parado español medio no se mueve de su provincia por 1.200 euros, mientras que el inmigrante acepta condiciones que el nacional rechaza. Eso no significa que no haya presión salarial: la hay, y es evidente en sectores como la hostelería o el reparto, donde los salarios se han estancado en el SMI.
La pregunta que queda abierta es si esa presión es consecuencia de la regularización o si ya existía antes. Funcas no lo aclara. Y mientras tanto, el empleo agregado crece, pero lo hace con una composición cada vez más extranjera. El debate sobre si eso es bueno o malo para los españoles sigue sin respuesta definitiva.
Qué esperar a partir de aquí
Si el efecto sustitución se confirma, la presión sobre los salarios y el paro de larga duración se intensificará. Pero Funcas advierte de que los datos aún no permiten distinguir entre sustitución y composición. La foto completa llegará cuando se sepa cuántos de los regularizados ya trabajaban en negro. Mientras tanto, el mercado laboral español seguirá creciendo en cifras, pero con una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿a costa de quién?