Los españoles que huyen a El Salvador seducidos por el efecto Bukele: "Aquí no pago cuota de autónomo"

Los españoles que huyen a El Salvador seducidos por el efecto Bukele: "Aquí no pago cuota de autónomo"

ELOY, EL GRAN EMPRENDEDOR: DE SALVAR A MEDIA ESPAÑA A SALIR POR PATAS HACIA EL SALVADOR​

Lo de Eloy es digno de estudio. Tenemos ante nosotros a otro de esos emprendedores de YouTube que aparecen con una cámara, cuatro ideas cogidas con pinzas y una seguridad en sí mismos inversamente proporcional a la solidez de sus proyectos. Durante una temporada se dedican a explicar cómo hay que vivir, cómo hay que invertir, cómo hay que escapar del sistema y cómo conseguir la libertad financiera. Y cuando llega la hora de comprobar los resultados, resulta que el siguiente capítulo de su gran aventura consiste en cambiar de país.

Qué casualidad.

El hombre que tenía respuestas para todo parece haber descubierto que la realidad no se deja domesticar con un vídeo de veinte minutos, una miniatura con cara de preocupación y un título del tipo «TOMAMOS UNA DECISIÓN QUE LO CAMBIA TODO».

Porque esa es otra. Los gurús de Internet jamás se equivocan: simplemente evolucionan. Nunca abandonan un proyecto; cierran una etapa. Nunca fracasan; aprenden. Nunca se quedan sin opciones; están explorando nuevas oportunidades. Y nunca salen por patas; emprenden una migración estratégica hacia mercados emergentes.

Que no cunda el pánico: Eloy no se ha marchado, está diversificando geográficamente su marca personal.

Si mañana termina viviendo en una tienda de campaña, seguro que el vídeo se titulará «POR FIN SOMOS LIBRES: NUESTRA NUEVA VIDA MINIMALISTA». Y si acaba durmiendo en un banco, no será porque las cosas hayan ansioso mal, sino porque ha decidido experimentar con la arquitectura urbana de bajo coste.

EL HOMBRE QUE QUERÍA ENSEÑARNOS A VIVIR​

Lo verdaderamente llamativo es esa costumbre de algunos personajes de Internet de ponerse en posición de maestros de la vida cuando todavía están intentando resolver la suya.

Eloy no es simplemente un individuo que prueba suerte con un proyecto. El problema aparece cuando uno se presenta como alguien capacitado para asesorar a otros, venderles una visión del mundo y convencerlos de que tiene las claves para salir adelante.

Porque una cosa es contar tus experiencias y otra muy distinta presentarte como quien ha encontrado el camino que los demás no somos capaces de ver.

El ciudadano medio se levanta, trabaja, paga sus facturas, intenta ahorrar y procura no meterse en demasiados líos. Eloy y otros miembros de esta escuela de emprendimiento digital parecen haber descubierto un método superior: grabar el proceso de intentar construir algo, convertir cada contratiempo en contenido y explicar que todo forma parte de un plan maestro.

Es el capitalismo del tutorial: no necesitas demostrar que has construido un negocio rentable; necesitas conseguir que suficientes personas crean que estás a punto de conseguirlo.

Y si además puedes venderles asesoramiento, cursos o la posibilidad de aprender de tu experiencia, mejor todavía.

El negocio ya no consiste necesariamente en construir contenedores, viviendas o proyectos viables. El negocio puede acabar siendo explicar cómo se construyen, aunque el espectador se quede esperando a que llegue el resultado final.

Eso sí que es economía circular: das vueltas alrededor del mismo proyecto, produces vídeos sobre las vueltas que das y monetizas las preguntas de quienes todavía esperan ver el proyecto terminado.

EL SALVADOR: NUEVO PAÍS, NUEVO DECORADO Y LA MISMA CÁMARA​

Ahora toca El Salvador.

Parece que algunos emprendedores tienen un GPS especial que, cuando detecta problemas, activa automáticamente la ruta hacia otro país.

España es imposible. Los impuestos son insoportables. El sistema no deja vivir. La burocracia te mata. Los alquileres son una locura. La gente no entiende tu proyecto.

Solución: coger las maletas y probar suerte en otro sitio.

Y ojo, que emigrar es perfectamente legítimo. Mucha gente se marcha de España para buscar trabajo, mejorar su situación económica o empezar de nuevo. Lo que resulta llamativo es convertir cada mudanza en una revelación filosófica y cada cambio de escenario en la prueba definitiva de que ahora sí has descubierto cómo funciona el mundo.

Porque cambiar de país no equivale a resolver tus problemas. Los problemas económicos no desaparecen al cruzar una frontera, y las malas decisiones tampoco se quedan esperando en el aeropuerto de Barajas.

Si uno no tiene un modelo de negocio sólido, cambiar de continente no hace que aparezca por arte de magia. Si uno no sabe calcular los costes de una actividad, los números siguen sin cuadrar aunque el fondo del vídeo sea tropical. Y si uno ha dado consejos que han perjudicado a otras personas, mudarse no convierte retrospectivamente esos consejos en buenos.

El pasaporte sirve para cruzar fronteras, no para borrar el historial de tus decisiones.

Me imagino la escena dentro de unos meses.

Eloy sentado frente a la cámara, con cara de haber descubierto una conspiración internacional, explicándonos que la experiencia salvadoreña le ha enseñado cosas que en España era imposible aprender.

«Chicos, después de mucho reflexionar, hemos entendido que el problema no era el proyecto, sino el entorno».

Traducción simultánea: el proyecto sigue teniendo los mismos problemas, pero ahora los grabamos con palmeras detrás.

Y si la aventura sale bien, será una demostración de que tenía razón desde el principio. Si sale mal, será una experiencia de aprendizaje. Si sale regular, será una etapa de transición. Y si tiene que volver a mudarse, siempre podrá publicar un vídeo titulado «CERRAMOS UN CICLO PARA ABRIR OTRO».

Qué tranquilidad debe de dar tener un vocabulario tan flexible.

EL EMPRENDEDOR QUE NUNCA FRACASA​

Hay una especie de religión moderna en Internet según la cual todo el mundo debe convertirse en emprendedor, abandonar su trabajo, perseguir sus sueños y construir una vida extraordinaria.

Lo que no te cuentan con la misma alegría es que los negocios tienen gastos, los proyectos requieren planificación, las inversiones pueden salir mal y las decisiones equivocadas tienen consecuencias.

El problema de los gurús no es que emprendan. Ojalá les vaya bien a todos los que intentan montar algo por su cuenta.

El problema es cuando se confunde tener una cámara con tener una empresa, tener seguidores con tener clientes satisfechos y hablar con seguridad con saber de lo que se está hablando.

Porque en YouTube puedes parecer un genio durante tres temporadas sin haber demostrado gran cosa en el mundo real.

Un empresario serio tiene que preocuparse de los números, los contratos, los costes, los plazos y la viabilidad de su negocio. El empresario de contenido tiene otra preocupación fundamental: que la miniatura tenga suficiente dramatismo para que la gente pulse.

Al primero le preocupa que el proyecto funcione. Al segundo, que el episodio funcione.

Y cuando ambas cosas coinciden, estupendo. Pero cuando no coinciden, puedes acabar con una audiencia convencida de que está presenciando una revolución empresarial mientras el protagonista se dedica a anunciar el siguiente cambio de rumbo.

Es el milagro del emprendimiento audiovisual: puedes estar permanentemente empezando sin llegar nunca a terminar.

¿Y QUÉ PASA CON LA GENTE QUE SE CREYÓ EL DISCURSO?​

Aquí está la parte que me parece más importante.

Si, como sostienen algunos críticos, Eloy asesoró mal a personas que confiaron en él y acabaron tomando decisiones perjudiciales, la cuestión no se resuelve con una mudanza ni con un nuevo proyecto en otro país.

Habría que analizar qué recomendó exactamente, qué compromisos asumió, qué resultados prometió y qué consecuencias tuvo todo aquello. Cada caso debería juzgarse con hechos y pruebas, no con rumores.

Pero, precisamente por eso, estaría bien que alguien que ha ocupado el papel de asesor explicara con claridad qué salió bien, qué salió mal y qué responsabilidad le corresponde.

Porque es muy fácil hablar de libertad, independencia y valentía cuando estás vendiendo una idea. Lo difícil es mantener la misma energía cuando alguien te pregunta por los resultados.

A los seguidores se les puede pedir paciencia. A los clientes, comprensión. A los críticos, que no sean haters. Y al universo, que conspire a tu favor.

Pero llega un momento en el que alguien tiene que presentar las cuentas.

La libertad financiera está muy bien, pero la libertad de dar explicaciones tampoco debería estar mal vista.

Y si realmente hay personas que se consideran perjudicadas, tienen todo el derecho a pedir explicaciones por las vías adecuadas. No hace falta amenazar a nadie ni recurrir a la violencia. Los contratos, los mensajes, las facturas y los hechos son bastante más útiles que cualquier calentón.

Eso sí, hay una diferencia enorme entre recibir críticas por tus decisiones y estar legitimado para ignorarlas porque te has mudado a otro país.

Internet tiene memoria. Los vídeos siguen ahí, las declaraciones pueden recuperarse y las promesas no desaparecen porque cambies la ubicación de tu canal.

Puedes cambiar de continente, pero no puedes exigir que todo el mundo cambie de opinión sobre ti.

ROCKY, EL ÚNICO QUE NO HA FIRMADO EL PLAN DE NEGOCIO​

Y ahora llegamos a Rocky, el perro que parece haberse convertido en compañero de reparto de esta aventura.

De verdad, que alguien piense un momento en el animal.

Rocky no ha elegido convertirse en protagonista secundario de una serie documental sobre emprendimiento internacional. No ha rellenado un formulario de traslado, no ha estudiado el mercado salvadoreño, no ha participado en ninguna reunión estratégica y no ha votado a favor del cambio de país.

El perro probablemente solo quiere comer, beber, dormir, pasear y tener una vida tranquila.

Pero ahí lo tienes, convertido en compañero de viaje mientras su dueño intenta escribir el siguiente capítulo de su historia personal.

Rocky no necesita una marca personal. Necesita un dueño que se ocupe de él.

Que se asegure de que tiene agua, comida, atención veterinaria, sombra y un lugar seguro donde descansar. Que el animal no pague las consecuencias de los bandazos humanos.

Y que no se convierta en una herramienta emocional para vender la aventura. Porque en YouTube los animales funcionan de maravilla: generan ternura, humanizan al protagonista y consiguen que hasta el espectador más desconfiado se preocupe por cómo va a terminar la historia.

Pero Rocky no es un recurso narrativo. Es un ser vivo.

Si el proyecto consiste en empezar de cero, que el perro tenga garantizado lo básico antes de convertirlo en parte de la expedición.

Bastante tiene con adaptarse a los cambios sin que encima le toque protagonizar una nueva temporada titulada «EMIGRAMOS A EL SALVADOR Y NADA VOLVERÁ A SER IGUAL».

Y si algún día la aventura vuelve a cambiar de rumbo, esperemos que Rocky no termine siendo el único miembro del equipo que haya tenido que adaptarse a todas las decisiones sin haber podido opinar sobre ninguna.

EL NUEVO HOMBRE LIBRE​

Lo más irónico de estos discursos es que suelen presentar la libertad como una cuestión de ubicación geográfica.

Que si España te esclaviza, que si el sistema te impide vivir, que si necesitas abandonar todo para empezar de nuevo.

Pero la libertad también consiste en poder mantenerte económicamente, tomar decisiones informadas y no depender de que una audiencia siga interesada en tus aventuras.

Si para sostener tu proyecto necesitas estar anunciando constantemente un nuevo comienzo, quizá convendría preguntarse si estás construyendo una vida estable o una sucesión de episodios.

Porque una cosa es vivir de una forma diferente y otra muy distinta convertir la inestabilidad en una identidad comercial.

Hay personas que se van al campo y construyen una explotación rentable. Otras emigran y montan negocios que funcionan. Otras cambian de vida y descubren que han tomado una buena decisión.

Y luego está el universo de los eternos proyectos: hoy contenedores, mañana autosuficiencia, pasado mañana emigración y el mes siguiente una revelación sobre por qué todo lo anterior era necesario.

Cada fracaso potencial se convierte en una nueva oportunidad de contenido.

Si el contenedor no funciona, hablamos de libertad. Si la libertad no funciona, hablamos de emigración. Si la emigración no funciona, hablamos de aprendizaje. Y si tampoco funciona el aprendizaje, siempre queda abrir otro canal.

Es el ciclo de la vida del emprendedor digital: la oruga se convierte en mariposa, la mariposa se convierte en creador de contenido y el creador de contenido termina haciendo un vídeo de cuarenta minutos sobre las dificultades de ser creador de contenido.

CONCLUSIÓN: MENOS EPOPEYA Y MÁS RESULTADOS​

Eloy tiene todo el derecho a vivir donde quiera, a probar suerte en El Salvador y a intentar sacar adelante cualquier proyecto legal que se proponga.

Pero el derecho a empezar de nuevo no implica que los demás tengan la obligación de aplaudirte, olvidar lo anterior o aceptar sin preguntas tu nueva versión.

Si las cosas han ansioso mal, que lo explique. Si ha cometido errores, que los reconozca. Si ha asesorado a personas y alguna considera que ha ansioso perjudicada, que se aclaren los hechos. Y si su nuevo proyecto es sólido, que lo demuestre con resultados.

Sin necesidad de montar una película cada vez que cambia algo.

Porque a estas alturas, lo que menos necesita Internet es otro profeta que nos explique cómo escapar del sistema mientras convierte cada giro de su vida en una campaña de promoción personal.

Eloy, menos épica y menos vender la moto. Si has encontrado la fórmula para vivir mejor, perfecto: enséñanos los resultados. Pero si todavía estás buscando la fórmula, quizá sería más honesto reconocerlo antes de ponerte a asesorar a los demás.

Y, sobre todo, deja que Rocky sea un perro, no el copiloto de una odisea empresarial.

Que bastante tiene con seguirle el ritmo a su dueño sin que le toque pagar también las consecuencias del próximo «empezamos de cero».

Al final, el verdadero lujo no es mudarse a otro país, grabar un vídeo con música épica y anunciar que comienza una nueva etapa.

El verdadero lujo es tener un proyecto que funcione, poder dormir tranquilo y no necesitar explicar cada pocos meses por qué esta vez sí que va a salir todo bien.

Y si algún día Eloy consigue eso, seré el primero en reconocerlo. Pero hasta entonces, menos gurú de la libertad y más demostración de que el invento funciona. Porque de promesas, mudanzas y vídeos de nuevos comienzos ya vamos bastante servidos.
 
Lo de Eloy merece ya un documental de Netflix. Tenemos a un señor que durante años ha estado vendiendo a los demás la fórmula de la libertad, el emprendimiento, los negocios alternativos y la posibilidad de escapar del sistema. Un auténtico arquitecto de vidas alternativas. Eso sí, cuando toca aplicar sus propias enseñanzas, parece que el proyecto necesita una evacuación de emergencia.

Y allí lo tenemos, en El Salvador, con Rocky, unos cuantos contenedores marítimos y esa expresión facial tan característica de quien acaba de descubrir que el mundo no está obligado a darle la razón.

Es que no puedo con su carita de ofendidito. Tiene permanentemente el gesto de alguien al que acaban de quitarle el bocadillo en el recreo. Todo le molesta, todo le ofende, todo el mundo parece tener algo contra él. Hay personas que transmiten tranquilidad, otras alegría y luego está Eloy, que transmite la sensación de que acaba de recibir una querella mientras le están embargando el patinete.

Lo suyo con el victimismo es una auténtica disciplina olímpica. Si alguien le critica, persecución. Si alguien le pide explicaciones, acoso. Si alguien cuestiona sus decisiones empresariales, es que no entiende su visión. Y si algo sale mal, evidentemente la culpa es del entorno, de España, del sistema o de cualquier otro elemento que no sea él mismo.

Pero vamos a hablar de algo interesante: los impuestos.

Porque parece que algunos emprendedores descubren de repente que cambiar de país no significa pulsar un botón de reinicio fiscal.

Eloy debería explicar a sus seguidores qué es el famoso EXIT TAX o impuesto de salida.

En España existe el artículo 95 bis de la Ley del IRPF, que contempla la tributación de determinadas ganancias patrimoniales latentes cuando una persona pierde su residencia fiscal española. No afecta a cualquier ciudadano que haga las maletas: existen requisitos concretos, como haber sido residente fiscal en España durante al menos diez de los quince ejercicios anteriores y superar determinados umbrales de participación y valoración empresarial.

Por ejemplo, se contempla el supuesto de participaciones cuyo valor conjunto supera los cuatro millones de euros, o participaciones superiores al 25 % cuyo valor excede de un millón de euros.

Y hay otra cuestión interesante: existen mecanismos de aplazamiento en determinados traslados internacionales y reglas específicas para recuperar o regularizar ese aplazamiento. No es simplemente marcharse y olvidarse de todo.

Además, si hablamos de una sociedad que traslada activos o su residencia fiscal, entran en juego otras reglas tributarias.

Vamos, que la fiscalidad internacional tiene bastante más letra pequeña que un vídeo de diez minutos explicando cómo montar un negocio con cuatro palés.

Porque una cosa es querer pagar menos impuestos y otra muy distinta es entender cómo funciona la tributación internacional.

Me encantaría ver un vídeo suyo titulado: «Me voy a El Salvador: todas las obligaciones fiscales que debo conocer antes de hacer las maletas».

Aunque seguramente tendría menos visitas que uno titulado «España me persigue y me veo obligado a escapar».

Y es que hay algo que me llama poderosamente la atención de estos personajes: se pasan años explicando a los demás cómo vivir, cómo emprender, cómo invertir y cómo escapar de la rueda del sistema. Pero cuando llega la hora de enseñar resultados concretos, empiezan los silencios, los cambios de escenario y las explicaciones emocionales.

¿Qué ha pasado con todas aquellas personas que confiaron en sus consejos? ¿Qué resultados han obtenido? ¿Cuántos proyectos han ansioso adelante? ¿Cuántos negocios funcionan realmente? ¿Cuántos clientes están satisfechos?

Porque asesorar a alguien implica una responsabilidad. No basta con tener una cámara, una página web y una colección de frases motivacionales sobre libertad financiera.

Si has vendido asesoramiento empresarial, lo razonable es que puedas enseñar resultados y responder a las preguntas de quienes han confiado en ti.

Pero claro, es mucho más sencillo hablar de persecución, enemigos imaginarios y libertad que enseñar balances, facturas y resultados empresariales.

Y ahora tenemos la nueva etapa salvadoreña.

Después de tantos años hablando de proyectos, parece que el gran proyecto consiste en trasladar contenedores marítimos a una parcela y convertirlos en una especie de asentamiento industrial.

Cinco años de emprendimiento, según sus propias historias, para acabar haciendo una mudanza internacional de contenedores.

No sé si estamos ante una revolución arquitectónica o ante el nacimiento de un polígono industrial con crisis de identidad.

Lo de los contenedores tiene su gracia. Se supone que estamos viendo una nueva vida, un nuevo comienzo, una aventura empresarial y una oportunidad extraordinaria. Pero cada vez que aparece Eloy parece que estamos viendo el capítulo piloto de una serie llamada «Cómo improvisar una mudanza mientras explicas que todo estaba perfectamente planificado».

Y por favor, que alguien le explique que El Salvador no es un decorado de película donde desaparecen automáticamente los problemas administrativos, empresariales y económicos.

En cualquier país hay que cumplir normas, conseguir permisos, pagar impuestos y responder por las decisiones que uno toma.

Cambiar de geografía no cambia mágicamente la capacidad de gestionar un negocio.

Y luego está Rocky.

Pobre animal. A estas alturas es el único personaje de toda esta historia por el que siento verdadera simpatía. El perro no ha pedido participar en una aventura empresarial internacional, no ha vendido cursos, no ha asesorado a nadie y tampoco ha pronunciado discursos sobre la libertad financiera.

Solo quiere estar tranquilo.

Espero que Eloy se preocupe de darle una buena vida, de que tenga sus revisiones veterinarias, sus paseos y sus condiciones adecuadas. Que bastante tiene el pobre con protagonizar una mudanza internacional sin haber firmado ningún contrato.

Y que deje de utilizar cualquier contratiempo como excusa para grabar otro vídeo de indignación.

Porque esa es otra: parece que necesita convertir absolutamente todo lo que le sucede en contenido. Si tiene un problema, vídeo. Si alguien le mira mal, vídeo. Si se siente perseguido, vídeo. Si mueve un contenedor, vídeo. Si Rocky estornuda, posiblemente tengamos un especial de veinte minutos sobre la opresión que sufren los perros de los emprendedores independientes.

Al final, uno empieza a preguntarse si está construyendo un negocio o si el negocio consiste en documentar cómo intenta construir un negocio.

Y hay una diferencia importante.

Me parece legítimo marcharse de España, probar suerte en otro país, montar una empresa y buscar una vida diferente. Faltaría más. Cada uno es libre de tomar sus decisiones.

Lo que no me parece tan admirable es construir durante años una imagen de gurú que enseña a los demás cómo escapar de sus problemas y después presentarse permanentemente como una víctima cuando las cosas no salen como esperaba.

La libertad también implica responsabilidad. Y la responsabilidad incluye responder por los consejos que has dado, los proyectos que has vendido y las expectativas que has generado.

No puedes pasarte media vida explicando a los demás cómo tienen que organizar la suya y después pedir comprensión infinita cuando alguien te exige explicaciones.

Y, sobre todo, no confundas las críticas con la persecución. Que alguien cuestione tu trayectoria profesional no significa que esté intentando destruirte.

A lo mejor simplemente quiere saber qué ha pasado con aquello que prometías.

Mi consejo para esta nueva etapa sería bastante sencillo: menos vídeos de indignación, menos caritas de víctima, menos discursos grandilocuentes y más resultados.

Que enseñe el negocio funcionando, los números, los permisos, los gastos reales y la rentabilidad. Que explique cómo se sostiene económicamente el proyecto y qué ha aprendido de sus experiencias anteriores.

Y que deje a Rocky disfrutar de la vida sin convertirlo en figurante de una epopeya empresarial.

Porque, de momento, lo que tenemos es un señor que ha cambiado España por El Salvador, los proyectos por contenedores y la asesoría empresarial por una colección de vídeos de desahogo.

Eloy, la verdadera libertad no consiste en huir de un país cada vez que las cosas se complican. Consiste en construir algo que funcione sin tener que presentarte continuamente como la víctima de todos los demás.

Seguiremos pendientes de esta apasionante aventura. Eso sí, que alguien le compre a Rocky una buena cama. Al menos que uno de los dos viva cómodamente.
 
Lo de Eloy tiene bastante más miga de la que parece. En España su contenido tenía cierto morbo precisamente porque jugaba con ese límite entre lo que se puede hacer y lo que no. Aquí nos vendía la película de los contenedores, los refugios, la autosuficiencia y la vida alternativa, con ese puntito de estar desafiando al sistema. Parte del atractivo era precisamente ver cómo pretendía montar todo aquello en un país donde el suelo rústico tiene sus normas y donde no basta con plantar un contenedor, poner cuatro placas solares y declarar solemnemente que aquello es un proyecto de vida.

Porque, nos guste más o menos la normativa, en España no puedes convertir cualquier terreno rústico en un asentamiento residencial por las buenas. Los usos permitidos dependen de la legislación urbanística y de las características de la explotación, y una vivienda vinculada al terreno no es algo que uno pueda inventarse porque tenga un canal de YouTube y muchas ganas de independencia.

Pero ahora se ha marchado a El Salvador. Y aquí viene la pregunta: ¿a quién le va a interesar ahora su contenido? ¿A los mismos españoles que seguían sus peripecias, sus problemas y sus enfrentamientos con la burocracia? ¿A los que disfrutaban viendo cómo intentaba hacer encaje de bolillos con la normativa española? Porque la gracia estaba precisamente en el contexto español. En cuanto te llevas el espectáculo a otro país, buena parte del morbo desaparece.

Ahora tendrá que conquistar al público salvadoreño. A lo mejor consigue cuatro espectadores locales con teléfono y conexión a internet, pero no parece precisamente una estrategia de expansión internacional digna de Silicon Valley. Aunque, quién sabe, quizá Rocky termine teniendo más seguidores que el propio Eloy.

Lo más curioso es que se presenta como un triunfador, como alguien que ha descubierto el secreto de la libertad y ha decidido abandonar España para vivir a su manera. Pero la estampa que transmite es bastante menos épica: un hombre que parece estar improvisando sobre la marcha, que cambia de escenario y de discurso, y que pretende vender como una gran estrategia empresarial lo que desde fuera tiene bastante aspecto de huida hacia delante.

Porque una cosa es ser emprendedor y otra muy distinta es ir encadenando ocurrencias mientras se graba uno mismo explicando que todo forma parte de un plan maestro. Los contenedores marítimos, el perro, el traslado, el nuevo país, la nueva vida... Mucho decorado y mucha narrativa, pero todavía estamos esperando a ver el negocio sólido que hay detrás de todo esto.

Y ojo, que su plan puede acabar funcionando. De hecho, hay algo casi cómico en lo absurdo de la situación: quizá consiga vivir bastante tiempo sin trabajar de una manera convencional, publicando vídeos de vez en cuando, enseñando cómo coloca un contenedor, cómo se toma un café o cómo descubre una nueva dificultad logística en su paraíso tropical. Puede que incluso le salga rentable.

Pero entonces habría que reconocer cuál es realmente el negocio: no son los contenedores, ni la autosuficiencia, ni la libertad financiera, ni ninguna revolución empresarial. El negocio son los espectadores. Son las visitas, los comentarios, las polémicas y la gente que entra a ver qué nueva aventura se ha inventado esta semana. En definitiva, sus seguidores son los que podrían estar financiando su estilo de vida.

Y eso tiene su gracia, porque estaríamos ante otro supuesto gurú de la independencia que necesita que miles de personas estén pendientes de su vida para poder permitirse no tener un trabajo convencional. El sistema que tanto critica sería sustituido por una audiencia que paga indirectamente sus facturas mediante visitas y publicidad.

Lo verdaderamente interesante será comprobar cuánto tarda la audiencia en darse cuenta de que el producto no son los contenedores: el producto es Eloy haciendo de Eloy. Mientras haya gente mirando, habrá negocio. El día que se cansen, se acabó la magia y tocará buscar otra ocurrencia.

Además, siempre queda la cuestión de su trayectoria laboral. No parece precisamente que estemos hablando de alguien con décadas de carrera profesional a sus espaldas que haya decidido jubilarse anticipadamente después de una vida de trabajo. Da la impresión de que su experiencia laboral convencional es bastante limitada, quizá de apenas unos tres años, aunque habría que conocer sus datos reales para afirmarlo. Pero resulta curioso que alguien en plena edad laboral venda como una hazaña haber encontrado la fórmula para no trabajar.

En resumen: en España tenía un personaje, un escenario y una audiencia interesada en ver hasta dónde llegaba con sus experimentos. Ahora ha cambiado el escenario y pretende que todos sigamos comprando la misma película, pero con palmeras de fondo.

Que no digo que no pueda triunfar. Igual resulta que ha descubierto una fórmula de negocio revolucionaria: emigrar, colocar contenedores, grabarse y esperar a que los españoles le paguen las vacaciones mediante reproducciones.

Eso sí, que no confunda tener espectadores con tener clientes, ni recibir visitas con haber construido una empresa. Porque, de momento, más que un empresario internacional parece un hombre que ha cambiado de país antes de terminar de explicar cuál era su plan en el anterior.

Mucho discurso de libertad, mucho contenedor marítimo y mucho espíritu emprendedor, pero todavía estamos esperando a ver el negocio
 

Estadísticas del foro

Temas
2.061.451
Mensajes
58.504.215
Miembros
191.113
Último miembro
PlantaDeCafe

El blog de burbuja.info

-
-
Volver