El eje Washington-Tel Aviv y el papel de Rusia, a debate
Dos portaaviones y una flota de treinta buques estadounidenses sostienen la operación militar israelí sobre Gaza. Ese es el punto de partida de una discusión que arranca con una acusación directa: Washington es tan responsable como quien aprieta el gatillo, porque sin su paraguas naval y su arsenal la ofensiva no sería posible. A partir de ahí, la conversación deriva hacia un terreno menos terrenal: la identificación de los actores del conflicto con las bestias del Apocalipsis.
Qué se reprocha a Estados Unidos en el conflicto de Gaza
El bloque inicial de mensajes sostiene que el apoyo militar estadounidense convierte a la Casa Blanca en coautor del daño sobre la población civil. Se enumeran cortes de agua, alimentos y medicinas, bombardeos sobre hospitales y escuelas y un número de periodistas fallecidos que, según esa versión, supera el de toda la Segunda Guerra Mundial. Son afirmaciones que circulan sin verificación independiente en el material y que conviene leer como lo que son: la tesis de quien abre el asunto, no un dato certificado.
La misma línea argumental se extiende a Ucrania. Se afirma que las fuerzas ucranianas emplearon misiles HIMARS de suministro estadounidense contra zonas exclusivamente residenciales del Donbás, y que Washington financió y encumbró a un partido con intenciones declaradas criminales. De nuevo, acusaciones de parte.
La disputa sobre quién es la bestia del Apocalipsis
Aquí el asunto se complica. Una corriente identifica al Estado de Israel con la primera bestia del capítulo 13 y a
Estados Unidos con la segunda, la que le entrega todo su poder. El argumento se apoya en Apocalipsis 17,8 —«la bestia era, ya no es, y volverá»— y en la desaparición del reino de Judea como herida mortal. Se añade un detalle curioso: los dos únicos partidos que han gobernado en la historia estadounidense serían los dos cuernos de la segunda bestia.
La réplica llega rápido y desde otro flanco. Una parte de los intervinientes sostiene que Rusia, el Oso, es también una de las bestias, y recuerda que la coalición descrita en Daniel combina oso, león y leopardo. La respuesta a eso es que el Oso no es una de las dos bestias apocalípticas, sino la potencia que derribará a Babilonia, la gran ciudad marítima y comercial que Apocalipsis 18 describe con comerciantes poderosos y engaño a las naciones. Traducción: Estados Unidos.
El Oso que destruye Babilonia y el eco de Daniel
El paralelismo histórico se defiende con el libro de Daniel: el oso era Persia, y Persia derribó Babilonia. Si la historia bíblica se repite, Rusia ocuparía ese papel frente a la potencia marítima actual. La objeción es que Rusia no existía en el año 90 d. C., cuando se escribe el Apocalipsis, y que la única entidad que había existido, había desaparecido y ha regresado es el Estado de Israel. El intercambio se alarga con citas cruzadas de Daniel 7 y Apocalipsis 13 y 17, y con la advertencia de que a las demás bestias se les quitará el poderío pero se les dejará una prolongación de vida.
La hispanidad como pieza que nadie pidió
En medio del fuego cruzado aparece un tercer hilo argumental: la hispanidad. Se sostiene que el pueblo de la Nueva Alianza es hoy fundamentalmente hispano, que el ataque de la coalición de bestias irá contra España y el sur de Francia e Italia, y que la recomposición del mundo hispano ya está en marcha. Para quien defiende esta lectura, ignorar ese factor es señal de sospecha. Para el resto, es una derivada que no viene a cuento.
El resultado es un intercambio de mensajes donde nadie cede y donde la discusión teológica acaba funcionando como munición geopolítica. La pregunta de fondo sigue sin respuesta: si el Oso derriba Babilonia, ¿deja de ser bestia o solo cambia de bando?