A Coruña busca camareros «cualificados» y no encuentra manos
En A Coruña hay más terrazas que manos para atenderlas. La hostelería de la ciudad admite, en septiembre de 2026, que encontrar mesa es tan fácil como difícil es encontrar a quien sirva las cañas. La escasez de profesionales «cualificados», y las condiciones de trabajo y salario, obligan al sector a recurrir a «gente sin experiencia que se va a los cuatro días». Superado un conflicto de julio entre empresarios del sector, el problema sigue encima de la barra.
Cuánto se paga hoy por un camarero en A Coruña
El primer dato que salta en cualquier conversación es la comparación con el pasado. Hace 25 años, un camarero se levantaba 250.000 pesetas al mes, unos 1.500 euros, según sostiene un participante en el debate. Hoy, añade, ni se llega a los 1.200.
El ejercicio que más se repite es el de la caña, según el cálculo de otro participante. Pongamos la caña a 10 euros —un precio hipotético, aunque ese mismo participante señala que a 5 euros no es tan raro en ciertas zonas céntricas—. Si cuatro cañas de cada ronda van íntegras a pagar al camarero, 40 euros por jornada, por 8 horas (aquí conviene reírse un poco) y 22 días durante once meses, con el coste de Seguridad Social incluido, salen 59.569 euros brutos anuales. La mitad, unos 29.000, sería, en su opinión, un salario decente.
Los requisitos que se atribuyen a la hostelería coruñesa
Una lista de exigencias que circula en el debate se ha convertido en el retrato más repetido del asunto:
- Cualificados.
- Motivados.
- Con talento.
- Con idiomas.
- Preparados para trabajar bajo estrés.
- Trabajar 12 horas al día a turno partido.
- Trabajar 6 días a la semana.
- Que aprendan rápido.
El salario, según convenio. Ahí está el nudo. Como resume un participante, quien tiene talento e idiomas difícilmente acaba de camarero, y menos en un puesto que paga por debajo de las alternativas locales.
La fábrica de al lado, una competencia incómoda
Como sostiene uno de los participantes, en A Coruña y su área metropolitana existen alternativas laborales a la hostelería: trabajar de operario en una fábrica, con jornada continua, derechos que se respetan y sin trato con el público. El mismo participante cuenta el caso de un compañero que, tras veinte años de cocinero, no quiere volver ni a oír hablar del oficio.
Otra participante describe así la rotación del sector: un pequeño negocio forma a un recién llegado y un bar cercano se lo lleva ofreciendo 150 euros más. El dueño vuelve a empezar de cero.
Según otro de los participantes en el debate, el café en Múnich cuesta apenas un 15% más que en Madrid.