El peor julio para la hostelería de Alicante: la factura del menú
La hostelería de Alicante cierra su peor julio en años y agosto camina en la misma dirección. La afirmación suena a lamento, pero las causas no están solo en la meteorología ni en la supuesta caída del turismo: los propios precios han convertido el restaurante en un bien con el que se negocia cara a cara.
Se acabó lo de salir a diario. El cliente ha aprendido a esquivar la hostelería cara: pasa menos días, va al supermercado, cocina en el apartamento o se hace el bocata en la playa. Sigue saliendo, pero con tácticas para recortar el gasto en restaurantes y hoteles. Y cuando decide sentarse a la mesa, examina con lupa que el plato justifique el precio.
La demanda se venga por elevación
La microeconomía de manual explica que al llegar al punto de equilibrio, la oferta debe ajustar sus precios. Los hosteleros alicantinos han hecho lo contrario: subir más la tarifa para compensar la caída de clientes. El resultado es un círculo vicioso que algunos intentan tapar echándole la culpa a los precios abusivos de otros, como los que se desplazan desde Madrid o los que hacen turismo low cost.
No todos llevan el mismo paso. La experiencia de quien llama a un restaurante de precio medio alto y recibe un «no aceptamos más pedidos» a las nueve de la noche demuestra que la demanda sigue respondiendo cuando el producto convence. Frente a eso, los locales que sirven comida que ni los gatos tocarían se quejan de que Mercadona no les deja poner menús de baja calidad a 18 euros.
Un aviso al modelo turístico español
España se ha agarrado al turismo como única industria y este verano ha dado una señal de agotamiento. Si viajar y comer fuera se convierten en bienes de lujo, como lo fueron en los años sesenta y setenta, el país se verá abocado a la miseria: sin industria, sin I+D y con un Estado devorando lo poco que queda. El pronóstico para agosto es de mayor moderación en el gasto, y la única salida para la hostelería local pasa por bajar precios, mejorar la oferta, o ambas. Y a la vista de lo que llora el sector, aún está por ver que aprendan la lección.