México derriba las mansiones extranjeras que «invadían» sus playas
¿Puede un Estado pasar de la amenaza a la excavadora? México lo ha hecho. Las imágenes de mansiones de lujo de ciudadanos estadounidenses derruidas frente a la playa circulan sin descanso y han reabierto una discusión que mezcla orgullo nacional, seguridad jurídica y relación con Washington. Hay quien lo recibe como justicia poética; otros, como una medida que llega tarde y mal.
El espejo incómodo para la costa española
La reacción más interesante llega al comparar con España. Mientras en las costas españolas las construcciones ilegales llevan décadas plantadas sin que nadie mueva una excavadora, en México la respuesta ha sido contundente. «El cumplimiento de la ley es para todos», se argumenta. La contrapartida también existe: quienes señalan que el mal urbanístico ya está hecho y que derribar ahora no devuelve la playa a su estado original.
La amenaza territorial y la duda de los vídeos
Está quien recuerda la vieja advertencia: si Washington se toma la afrenta como en otras épocas, México podría perder otra vez más de la mitad de su territorio, como ocurrió con Texas y Arizona. Suena a hipérbole, pero condensa la tensión. Y por debajo, otra sospecha: que muchos vídeos que se comparten son falsos y que el episodio tiene más de propaganda que de realidad. Ambas posibilidades, curiosamente, no son incompatibles.
El mensaje a los inversores extranjeros, en todo caso, ha quedado escrito: el suelo playero no se discute. La factura la pagan los que compran sin leer los papeles.