La bandera de Inglaterra y Birmingham: ¿un símbolo en el banquillo?
¿Puede ondear la bandera de tu país sin acabar ante un juez? En Birmingham, la pregunta ha dejado de ser retórica. Las informaciones sobre penas de cárcel por exhibir la cruz de San Jorge, la bandera inglesa, han encendido una polémica que trasciende lo identitario y aterriza en lo económico y lo social.
No es un debate nuevo. Quienes siguen la evolución de la ciudad recuerdan que ya hace una década hubo análisis que señalaban Birmingham como el escenario más probable de este choque. La referencia al incidente del guía turístico en Alemania, acosado por portar la bandera alemana, se ha convertido en el espejo que muchos ingleses miran con preocupación.
La discusión tiene también una lectura de bolsillo. Birmingham es un motor industrial y comercial del centro de Inglaterra, y su transformación demográfica corre en paralelo a su reconversión productiva. Detrás del conflicto por los paños y los colores se esconde la pregunta por el modelo de ciudad: quién paga los servicios, cómo se reparten los recursos y quién siente el espacio público como propio.
Hay quien ve en las restricciones una prudencia necesaria para no exacerbar la hostilidad. Otros, una humillación deliberada hacia los ciudadanos de toda la vida. Lo cierto es que, mientras ambas partes se enredan en la interpretación de la ley, el Ayuntamiento de Birmingham mantiene su bandera oficial ondeando en el mástil. El problema, a este paso, no será el paño: será descubrir que la tolerancia también tiene sus colores.