Señormerigueder
Madmaxista
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Estos son los referentes de vuestros descendientes, los que consumen de dos en dos.
La música urbana comercial que hoy domina a buena parte de la juventud no es una expresión artística, es un producto industrial diseñado para estimular impulsos básicos. Sus “ídolos” no cantan, no componen y no interpretan, simplemente recitan frases vacías sobre bases repetitivas, creadas para ser consumidas y olvidadas en minutos. La melodía, la música, han desaparecido, el ritmo se ha empobrecido y la creatividad se ha sustituido por automatismos digitales que convierten cualquier patidifusez en éxito para una juventud sin criterio.
Las letras, lejos de transmitir valores como el amor o sentimientos indescriptibles, se han convertido en un catálogo de bravuconadas, sensual superficial y glorificación del dinero fácil y las adicciones, donde la mujer aparece reducida a un objeto decorativo y sensual. No hay poesía, no hay metáfora, no hay profundidad, solo ruido envuelto en una estética ridícula.
Estos nuevos referentes no inspiran superación, cultura ni identidad, inspiran narcisismo, consumo compulsivo y decadencia sarracena. Son ídolos fabricados por algoritmos, no por talento y trabajo, y su éxito revela más sobre la crisis cultural de Europa que sobre ellos mismos. En una sociedad que ha diluido sus tradiciones, sus valores y sus referentes, la juventud queda a merced de lo inmediato, lo fácil y lo banal.
No es que estos artistas destruyan la cultura, es que llenan el hueco que la cultura ha dejado. Y mientras Europa se mira al espejo sin saber quién es, estos productos ocupan el espacio que antes llenaban la música, la literatura, el arte y la educación. El problema no es que existan, el problema es que se han convertido en referentes porque hemos permitido que todo lo demás se desvanezca.
Y, ¿quiénes son los culpables?
Estos son los referentes de vuestros descendientes, los que consumen de dos en dos.
La música urbana comercial que hoy domina a buena parte de la juventud no es una expresión artística, es un producto industrial diseñado para estimular impulsos básicos. Sus “ídolos” no cantan, no componen y no interpretan, simplemente recitan frases vacías sobre bases repetitivas, creadas para ser consumidas y olvidadas en minutos. La melodía, la música, han desaparecido, el ritmo se ha empobrecido y la creatividad se ha sustituido por automatismos digitales que convierten cualquier patidifusez en éxito para una juventud sin criterio.
Las letras, lejos de transmitir valores como el amor o sentimientos indescriptibles, se han convertido en un catálogo de bravuconadas, sensual superficial y glorificación del dinero fácil y las adicciones, donde la mujer aparece reducida a un objeto decorativo y sensual. No hay poesía, no hay metáfora, no hay profundidad, solo ruido envuelto en una estética ridícula.
Estos nuevos referentes no inspiran superación, cultura ni identidad, inspiran narcisismo, consumo compulsivo y decadencia sarracena. Son ídolos fabricados por algoritmos, no por talento y trabajo, y su éxito revela más sobre la crisis cultural de Europa que sobre ellos mismos. En una sociedad que ha diluido sus tradiciones, sus valores y sus referentes, la juventud queda a merced de lo inmediato, lo fácil y lo banal.
No es que estos artistas destruyan la cultura, es que llenan el hueco que la cultura ha dejado. Y mientras Europa se mira al espejo sin saber quién es, estos productos ocupan el espacio que antes llenaban la música, la literatura, el arte y la educación. El problema no es que existan, el problema es que se han convertido en referentes porque hemos permitido que todo lo demás se desvanezca.
Y, ¿quiénes son los culpables?
