Los perros quintuplican a los menores de ocho: el dato que escuece
¿Cuándo se convirtió el perro en el hijo perfecto? La última estadística regional apunta que en España los canes multiplican por cinco a los menores de ocho años. El dato, publicado por El Periódico Extremadura, ha reabierto un debate incómodo: el del lugar que ocupan las mascotas en una sociedad con la natalidad en caída libre.
Quienes restan dramatismo al dato recuerdan algo difícil de rebatir: un perro puede tenerlo cualquiera, de los 16 a los 90 años, mientras que los hijos solo llegan en una ventana biológica muy concreta. La comparación, sin embargo, escuece justamente por eso: elegimos a los perros porque son más fáciles, no porque seamos más animalistas.
Hay quien ve en esta sustitución un síntoma de decadencia. El joven urbanita, ese que argumenta que los niños dan demasiado trabajo, es capaz de pasarse horas recogiendo excrementos caninos y de pagar miles de euros en veterinarios, residencias y hasta moda para mascotas. La naturaleza, como se ha dicho, es sabia, pero no siempre es agradable mirar sus consecuencias.
El coste de criar a un niño en España supera con creces el mantenimiento de cualquier perro, pero esa no es la cuestión. La cuestión es qué dice de nosotros que el perro haya pasado de compañero a sustituto. Si las cifras de la pirámide demográfica siguen así, pronto habrá más residencias caninas que colegios.
Los dinosaurios, que también desaparecieron, nunca pidieron explicaciones. A nosotros la estadística nos ha dado una: el perro es el nuevo niño, y no hemos hecho más que empezar.