La DGT plantea que superar 180 km/h en autovía sea delito y 100 km/h en ciudad
La Dirección General de Tráfico estudia elevar el castigo por exceso de velocidad: lo que hoy es una sanción administrativa podría convertirse en delito a partir de 180 km/h en autovía y de 100 km/h en ciudad. La propuesta, que ha aparecido en medios como El Debate, reabre la discusión sobre dónde acaba la infracción y dónde empieza el código penal. Y, de paso, sobre la coherencia de unos límites que a menudo parecen diseñados para recaudar antes que para salvar vidas.
Límites que invitan al escepticismo
El argumento a favor tiene cierta lógica: 180 km/h no es un despiste como puede ser un 140, y circular a esa velocidad en una autovía implica un riesgo inasumible. Pero el debate se enreda cuando se observa el estado real de la red viaria. Hay tramos de autovía limitados a 60 u 80 km/h sin justificación aparente; en ese contexto, ir a 180 no es un delito, es un suicidio. La crítica se centra en que la DGT anuncia un endurecimiento cuando todavía no ha explicado por qué las carreteras aparecen con límites tan dispares ni por qué se persigue el exceso de velocidad con más ahínco que otras infracciones igualmente peligrosas.
El ruido de fondo sobre la libertad
Hay quien ve en esta medida un paso más hacia la prohibición total: primero se bajó el límite de 120 a 100 en muchos tramos, ahora se criminaliza superar una cifra que hace años era legal. La sensación de vivir en una cárcel sobre ruedas recorre las conversaciones sobre tráfico. También se recuerda que en el pasado este exceso ya tuvo consideración de delito, así que la DGT no inventa nada, solo recupera una herramienta. Mientras tanto, los conductores que usan el control de crucero a 149 km/h miran el carné de puntos con alivio.
La propuesta no está cerrada y el debate, lejos de resolverse, ha encontrado un nuevo frente: el de la credibilidad de un organismo que pide mano dura mientras las señales siguen haciendo equilibrios entre la seguridad y la recaudación.