El cine se muere entre el ruido de TikTok y los bobfluencers
Afirmación tajante: el cine como experiencia colectiva ha muerto, y los responsables son los algoritmos y los microinfluencers que convierten cada estreno en un producto viral de usar y tirar. Pero el dato concreto desmonta parte del relato: la culpa no es solo de las plataformas, sino de una audiencia que consume ruido y exige silencio a la vez.
El algoritmo como director de casting
La industria del entretenimiento ha delegado en TikTok y el microtargeting la decisión de qué películas se convierten en taquillazos. Un caso paradigmático es «Obsesión» (2024), una producción de Universal Pictures diseñada para generar 15 minutos de gloria en TikTok. Se trata de una película hecha para ser GIF, no para ser vista: escenas cortas, virales, vacías de contenido. En contraste, «Coherence» —rodada en casa de la madre del director, con actores cobrando en pizza— representa el cine de guerrilla que el algoritmo ha enterrado. Hoy, todo es ruido de marketing o silencio absoluto.
La contradicción del espectador
Quienes acusan a los «bobfluencers» de arruinar el cine son los mismos que, al sentarse en la sala, exigen silencio absoluto. La pregunta incómoda es: ¿ir al cine y no hacer ruido es colaborar con la matrix zombie? El análisis apunta a que el público se ha convertido en un consumidor pasivo de hype, mientras el cine como experiencia compartida se desvanece. El cálculo del coste de una entrada frente a una suscripción a una plataforma no justifica la asistencia, pero la nostalgia sí.
El cierre con reservas: si el algoritmo sigue mandando, el cine de guerrilla se extinguirá. Pero mientras haya quien busque «Coherence» en lugar de «Obsesión», la experiencia todavía puede salvarse. O tal vez no.