Caben en un taxi: el lastre de la oposición venezolana
La política venezolana se mide en muchos casos por el aforo de los mítines. La última ocurrencia compara a los seguidores de una figura opositora, apodada Charo, con el espacio de un taxi: no llenan ni un microbús. La imagen circula como argumento para desmontar el relato de un apoyo masivo a la oposición.
El fondo es electoral. Tras las últimas elecciones, una corriente sostiene que el resultado oficial no se sostiene en las actas: “no es lo que dicen las actas” sería el argumento central, frente a la insistencia opositora en una victoria clara. La falta de actas verificables alimenta la teoría de un montaje fraguado fuera de Venezuela, con menciones recurrentes a Cuba y a intereses extranjeros.
Las versiones del supuesto montaje difieren: hay quien ve la mano exterior como única explicación frente a la inoperancia interna; otros, más prosaicos, ven simplemente un problema de convocatoria. La metáfora del taxi y el microbús subraya la diferencia entre el ruido mediático y la capacidad real de llenar una plaza.
Un apunte histórico: la resistencia ante el invasor, de Napoleón a Cuba, aparece en el intercambio para relativizar la agresión externa o para echar en falta una rebeldía equivalente. La analogía se queda corta: ni 1808 ni Sierra Maestra sirven para explicar la política venezolana del siglo XXI.
Con los datos sobre la mesa, el único aforo contrastable es el del chiste: un taxi. Mientras las actas sigan sin publicarse, la fruta entre “caben en un taxi” y “hemos ganado” seguirá dando vueltas, probablemente sin rumbo.