Talibanes y España: el reconocimiento de Palestina que nadie quiere reivindicar
El reconocimiento del Estado de Palestina por parte de España ha recibido el aplauso de los talibanes. La noticia, difundida por
Europa Press, ha generado una tormenta de reacciones en la que se mezclan la geopolítica, la memoria histórica y el cálculo electoral. El gesto diplomático, que el Gobierno presenta como un paso hacia la solución de dos Estados, queda empañado por el abrazo de un régimen que, según denuncian algunos participantes, lapida mujeres y prohíbe estudiar a las niñas. La pregunta es inevitable: ¿qué dice de una política exterior que la aplaudan los talibanes?
El agradecimiento que nadie quiere recibir
La noticia original es un tuit de
Europa Press en el que se informa de que los talibanes agradecen a Irlanda, Noruega y España su reconocimiento al Estado de Palestina y piden a la comunidad internacional que prosiga en esa dirección para proteger a la población palestina de la ofensiva israelí. El mensaje no tardó en convertirse en un campo de batalla dialéctico. Para unos, el respaldo talibán invalida cualquier pretensión moral del reconocimiento. Para otros, es una simple coincidencia táctica: hasta un reloj parado acierta dos veces al día.
La discusión derivó rápidamente hacia el terreno de la lógica. Un participante lanzó la pregunta: «Lo cual según lógica aplastante convierte al gobierno español en pro talibán, correcto?». La respuesta no se hizo esperar: «La misma lógica que si lo de Palestina te parece una chorrada electoralista del viruelo y cía es que estás con el nwo, los alubios y todas las conspiraciones que se les atribuyen». El intercambio deja claro que el asunto se presta a reducciones absurdas.
Del Sáhara a Gaza: la coherencia que se reclama
Uno de los giros más interesantes del debate fue la comparación con el
Sáhara Occidental. Un mensaje recordó que «casi 180.000 saharauis viven en campos de refugiados al otro lado del muro de 2.700 km, plagado de soldados y minas antipersonas, construido por Marruecos para ocupar el Sáhara Occidental, que fue la provincia 53 de España». La pregunta implícita era por qué nadie se manifiesta por ellos. La respuesta de otro participante fue tajante: «La lógica lo que dice es que los saharauis fueron españoles y se les abandonó a su suerte, cosa que como cristiano y de izquierda me revuelve las tripas».
La comparación no quedó ahí. Se señaló que «la Marcha Verde fue posible por un Franco moribundo, un rey traidor y los hijos de puta de los yankis a los que tanto os gusta felar». La frase, más allá de su virulencia, apunta a una tesis recurrente: la izquierda ha cambiado de bandera exterior según conveniencia. «Que tiempos aquellos en que el problema del Sahara era bandera de la izquierda como lo es ahora Palestina y el feminismo....», escribió otro participante.
El coste electoral de un gesto diplomático
El reconocimiento de Palestina se enmarca en una ofensiva diplomática que, según los críticos, busca rédito interno. Un mensaje lo expresó sin rodeos: «tranqui que no lo vereis en las noticias,mejor talibanes que la ultraderecha». La ironía apunta a que el Gobierno prefiere el aplauso talibán antes que el de la oposición. Otro añadió: «Menos mal que los talibanes no han dicho nada del salario mínimo, que si no igual lo teníamos que volver a bajar por dignidad democrática».
La discusión también tocó la seguridad de los españoles en el exterior. Un participante recordó que «los atentados como el del otro día a las turistas ejpañolas, probablemente se repita». La referencia a un ataque reciente contra turistas españoles introduce un elemento de riesgo real que el debate no resuelve. La conexión entre el reconocimiento y la seguridad de los ciudadanos no pasa de la insinuación, pero sobrevuela toda la conversación.
El laberinto de las alianzas internacionales
El hilo derivó hacia el papel de las potencias. Se mencionó que «los entrenó la CIA, muy malos no habrían de ser...oh, espera....». La referencia a la histórica colaboración estadounidense con los muyahidines en Afganistán sirve para recordar que las alianzas de hoy fueron las de ayer. Otro participante ironizó: «Gracias talibanes da gusto tener amigos así, los yankis ya los conocen de cuando Rambo 3 y eran fridom fiters».
La discusión sobre Hamás y sus tácticas también tuvo espacio. Se citó que «el brazo armado de Hamás afirma haber lanzado un 'gran ataque con misiles' en Tel Aviv» y que «según informes, los cohetes fueron lanzados desde la zona de Rafah, en el sur de Gaza. Hamás está tratando de demostrar que todavía puede amenazar a todo Israel, incluso después de siete meses de guerra devastadora con las FDI». La mención a Rafah sitúa el conflicto en su dimensión más cruda.
¿Qué pasa con los saharauis?
La pregunta sobre el Sáhara Occidental planea sobre todo el debate. Se argumentó que «los saharauis querian independencia de España» y que «son una FARSA de pueblo inventado seguramente por Argelia». La respuesta no se hizo esperar: «Eso lo debería decir cualquier buen cristiano. Lo del dni se podría decir de todos los españoles? También quieren la independencia Vascongadas y Cataluña. Pues de farsa como el español, que se lo inventaron unos reyes». El intercambio muestra hasta qué punto la memoria colonial sigue condicionando la percepción de los conflictos actuales.
La discusión sobre el Sáhara también sirvió para recordar que España tiene responsabilidades históricas no resueltas. «El Sáhara debiera ser preocupación de todo buen español por cómo les dejamos tirados y por los recursos naturales en juego», escribió un participante. La conexión con Palestina es evidente: en ambos casos se reclama coherencia y se denuncia el doble rasero.
El reconocimiento que no cierra heridas
El agradecimiento talibán ha servido para reabrir una herida que el Gobierno preferiría mantener cerrada. La noticia, difundida por
Europa Press, es un hecho: los talibanes aplauden a España. Lo que no está claro es si ese aplauso es un aval o un lastre. Para unos, es la prueba de que el reconocimiento de Palestina es una cesión a los enemigos de la democracia. Para otros, es una coincidencia sin consecuencias. Lo que nadie discute es que el gesto diplomático ha puesto a España en el centro de un tablero muy incómodo.
La discusión sobre el Sáhara, la seguridad de los españoles en el exterior y el coste electoral del reconocimiento apuntan a una conclusión provisional: el Gobierno ha ganado un titular y ha perdido la capacidad de controlar el relato. Los talibanes no son buenos aliados, ni siquiera involuntarios. Y el Sáhara sigue esperando.