De 1,1 a 5,75 kW: la potencia de luz que casi nadie revisa
Un piso de 90 metros cuadrados, dos habitantes, cocina y agua caliente con butano y
3,45 kW contratados. Dos meses con esa configuración y ni un salto. La comparación arranca ahí: si una casa así aguanta, ¿por qué hay quien paga por más del doble? Puesta en común de potencias contratadas, metros, habitantes y electrodomésticos, la horquilla real va de
1,1 kW a 5,75 kW en viviendas de tamaño casi idéntico.
La variable que manda no es el tamaño ni el número de personas. Es si la cocina, la calefacción y el agua caliente van por gas o por electricidad, y si alguien ha mirado alguna vez el recibo con lupa.
¿Cuánta potencia contratada necesita un piso de 90 metros?
Con
2,3 kW hay quien sostiene un piso de 90 metros, cuatro personas y todo eléctrico menos el calentador, con recibos de 23 € al mes. Con
3,45 kW funciona un piso de 66 metros con inducción, horno, lavavajillas, combi y lavadora, y no ha saltado nunca. Más grande: una vivienda con placa de gas, calefacción y agua caliente de gas natural arrastra
4,6 kW heredados de la instalación de obra, con lavadora, lavavajillas, horno y un aire acondicionado que su dueño espera no encender jamás.
La regla que se repite tiene su lógica:
2,3 kW aguantan si no coinciden tres consumos grandes a la vez —un fuego de vitro a tope, el horno, la lavadora en caliente o el lavavajillas—, y con
3,45 kW se puede enchufar prácticamente todo sin sustos. El problema es que nadie nace sabiendo cuál es su caso.
Por qué el contador digital aguanta más de lo que dice el contrato
El corte por exceso de potencia ya no lo decide solo el limitador del cuadro. El contador inteligente aplica una curva de disparo más generosa que el viejo interruptor magnetotérmico. Un contador de 5,75 kW monofásico, según las pruebas que se manejan, admite picos de esa cifra durante
5 o 10 minutos, luego 4,4 kW durante media hora y 3,8 kW durante una hora seguida. Traducido: se pueden encender varios aparatos potentes a la vez sin que salte de inmediato, siempre que no se roce el doble de lo contratado.
Lo incómodo es que esa curva no es pública. Cambia según el modelo y la distribuidora, y no hay forma de saber de antemano cuánto va a perdonar el aparato instalado en casa.
Cuánto se ahorra al bajar un escalón de potencia
Cinco euros al mes. Sesenta al año. Es la cifra que se maneja para el salto de 3,45 a 2,3 kW, y hay quien la despacha como
calderilla. La respuesta de vuelta es igual de directa: 60 euros anuales dan para pagar el aire acondicionado de tres meses de verano. Otro caso, este de bajada de 4,6 a 3,45 kW, pasó de facturas medias de
105 a 70 euros, aunque su protagonista reconoce que ahí también influyó un consumo distinto.
La discusión de fondo no es el importe, sino si compensa el riesgo. Quien lo ha hecho sostiene que no ha perdido confort; quien no lo hace tiene miedo al salto de plomos y no ha mirado nunca cuál fue su pico real.
Del ICP del cuadro al limitador del contador
Durante años, el interruptor de control de potencia vivía en el cuadro, con sello de plomo, y desmontarlo era una práctica extendida. Hubo instaladores que lo quitaron sin pedir permiso a la eléctrica al cambiar un cuadro. La llegada del contador digital traslada esa función al propio aparato, y las distribuidoras pueden tenerla
desactivada hasta que alguien modifica la potencia o se pasa a discriminación horaria.
El resultado es un
limbo: hay consumidores que estuvieron más de un año gastando por encima de lo contratado, sin cortes, hasta que llegó una carta avisando de los picos y de una visita para activar el limitador. La carta llegó. La visita, de momento, no.
Cómo saber la potencia máxima que has demandado
El contador guarda el maxímetro: la potencia máxima usada en un minuto, y el histórico de los últimos meses. También se puede consultar en la web de la distribuidora, con gráficas de potencia y consumo por horas. Ese dato es el que permite decidir con criterio si bajar es seguro o temerario, en lugar de fiarlo a la intuición.
El patrón que aparece al mirarlo sorprende a más de uno: descubrir que solo un mes de cada tres se superan puntualmente los
2,5 kW, o que se acumulan picos de 4,3 kW en un contrato de 3,45 kW. La teoría y la práctica no coinciden.
Y luego está el caso que rompe la escala:
1,1 kW contratados, cocina de gas, sin aire acondicionado, unos 15 euros de factura. Su dueño lo resume así: no se puede conectar horno y lavadora, ni horno y lavavajillas, pero con organización no hace falta. Cuando lo cuenta,
nadie se lo cree.