¿Bombillas de espectro completo o nostalgia incandescente?
¿Merece la pena buscar la bombilla perfecta que emule el sol o es una obsesión de frikis? El debate sobre la iluminación de espectro completo enfrenta a los defensores de la última tecnología LED con los nostálgicos del viejo filamento que calentaba la casa y daba una luz "como la del fuego".
Por un lado, los datos son fríos: las incandescentes tenían un CRI de 100, pero convertían el 97% de su consumo en calor, alcanzaban más de 200 ºC y eran diez veces menos eficientes que un LED moderno. Los LED actuales ofrecen CRI de 80-90, suficiente para casi todo uso doméstico, y no suponen riesgo de incendio. Por otro, hay quien prefiere el espectro continuo de las viejas bombillas y la calidez que, aseguran, no altera el ritmo circadiano.
El mito de la luz sana
La idea de que la incandescente es "la más sana" choca con la física: emitir sobre todo infrarrojos no es precisamente beneficioso para la vista. Además, las halogenuras metálicas o las lámparas de espectro completo diseñadas para fotografía pueden superar en calidad a cualquier LED convencional, pero a un coste desorbitado para uso diario.
¿Y el bolsillo?
Las bombillas especiales de espectro completo se venden como alternativa premium, pero su precio multiplica por varios enteros el de una LED cálida estándar. La mayoría de los hogares ni las necesitan ni notarán la diferencia. Como se ha señalado, es "una obsesión desmesurada" para el uso cotidiano.
Al final, la tecnología LED ha resuelto un problema que nadie debería tener: iluminar bien, gastar poco y no quemarse. El que añore el tungsteno puede comprarse una vela. Pero no le pida a su factura que se lo agradezca.