Maje deja la unidad de madres y regresa a Picassent tras cumplir su hijo tres años
¿Qué ocurre cuando un niño nacido en prisión supera la edad máxima para vivir con su madre entre rejas? El caso de María Jesús Moreno, conocida como Maje o la ‘viuda negra de Patraix’, lo ejemplifica. Instituciones Penitenciarias ha ordenado su traslado desde la Unidad de Madres de Fontcalent, en Alicante, hasta la cárcel de Picassent, en Valencia, donde comenzó a cumplir una condena de 22 años y donde conoció al padre de su hijo, también interno.
El menor ha cumplido tres años, el límite legal para permanecer junto a su madre en prisión. Ahora quedará bajo la custodia de su abuela, mientras Maje regresa a Valencia en contra de su voluntad, según avanzó El Debate el pasado 2 de julio.
La situación reabre el debate sobre la maternidad en el sistema penitenciario. Los vis a vis, las visitas íntimas reguladas, permiten que dos presos puedan tener un hijo. Pero ¿quién asume el coste del menor durante esos años? ¿El padre, también recluso, paga pensión alimentaria? Son preguntas que el expediente de Maje deja sobre la mesa, sin respuesta clara.
Hay quien defiende que el interés del menor debe primar y que las unidades de madres son un mal menor. Pero también pesa la crítica: que el sistema financie con dinero público la crianza de niños que jamás pidieron estar allí, y que alguna madre pueda ver en el embarazo una vía para mejorar sus condiciones carcelarias. El traslado de Maje no cierra el debate. Simplemente lo muda de prisión.