Málaga anegada

Calle anegada de Málaga con el agua cubriendo la calzada junto a los edificios tras la DANA

Málaga se anega: 772 litros en Turís y la sombra de las presas​

¿Es el clima o es la obra pública? Cuando el agua entra en un sótano del centro, en un hospital o en la planta baja de unos grandes almacenes, la pregunta incómoda vuelve sola: ¿falla el cielo o falla la ciudad? La DANA que anegó Málaga dejó escenas ya conocidas: calles convertidas en ríos, garajes cubiertos y bajos anegados. El foco se puso en el sótano del Corte Inglés de la capital, con operarios trabajando entre el agua, y en el hospital clínico. También en Ciudad Jardín y en el entorno de Puerto Banús. Nadie discute lo que se ve. El desacuerdo empieza en la causa.

¿Cuánto ha llovido en esta DANA?​

La cifra que ordena la discusión es la que se cita en el hilo para Turís, muy cerca de Chiva: 772 litros por metro cuadrado. Según ese dato, se batiría el récord nacional histórico y se superaría en casi un 30% lo caído en 1982, con un pico de hasta 185 litros por metro cuadrado en una sola hora. No es una mañana de lluvia: es casi un año entero cayendo en un día. Con esos números, el adjetivo «torrencial» se queda corto.

La comparación con la pantanada de Tous vuelve una y otra vez. Según un cálculo que circula en el debate, en 1982 se registraron hasta 600 litros por metro cuadrado y la avenida alcanzó los 7.500 metros cúbicos por segundo, mientras esta vez el caudal se quedó entre 2.000 y 2.500. Menos agua corriendo, más agua cayendo del cielo. La aritmética no cuadra si solo se mira el pluviómetro.

Y no todo el mundo lee tragedia en el dato. Hay quien sostiene que, con lluvias en torno a 100 litros por metro cuadrado en 24 horas en la capital, el balance es «tremendamente positivo» para acuíferos y embalses. Es la cara amable de una DANA que, mirada desde el campo, llegó justo a tiempo.

Ojo a la noche. Hubo quien advirtió durante horas de que una línea de turbonada apuntaba directamente a Málaga. El reloj diría si la ciudad enterraba la comparación con Valencia o la confirmaba.

¿Por qué se inunda el sótano de unos grandes almacenes?​

Un sótano está, por definición, por debajo de la inundación. Suena a perogrullada, pero explica casi todo. El supermercado de El Corte Inglés malagueño ocupa una planta sótano, y el agua se cuela por cualquier registro —luz, gas, agua— en cuanto la calle se convierte en un río. Mantener protegida una superficie gigantesca bajo tierra es, en la práctica, imposible.

Hay quien recuerda que los alcantarillados no están diseñados para eventos así. Harían falta infraestructuras específicas, caras y que ocupan mucho terreno, para algo que sucede una vez cada 50 años. La conclusión es incómoda: el agua no reventó ninguna puerta. Encontró la que ya estaba abierta.

¿Es Málaga una ciudad vulnerable a las inundaciones?​

Como apunta un participante, la capital es más bien plana, sin grandes desniveles que evacuen el agua por gravedad. Una lámina estancada hace más daño que la que corre ladera abajo. De ahí que unos pocos litros en el sitio equivocado provoquen los mismos estragos que un caudal mayor en la sierra. Los garajes en primera línea, castigados una vez más.

En la conversación se mencionó una presa justo por encima de la ciudad, pegada a la zona de Ciudad Jardín, y se especuló con la posibilidad de que soltara sin avisar un caudal capaz de arrasar. Otro participante describió, en cambio, una presa de desbordamiento situada más arriba de Benamargosa, pensada para laminar avenidas y derivar agua al embalse de la Viñuela: soltó agua durante la riada y dos días después el cauce estaba casi seco, con lluvias de unos 200 litros por metro cuadrado en la zona. El agua se marchó sola.
Forata y los pueblos de la ribera del Magro

¿Se desbordó el río por abrir una presa sin avisar?​

Aquí el análisis se parte en dos. Una corriente sostiene que la apertura del embalse de Forata desbordó el cauce del Magro y anegó los pueblos de la ribera. Enfrente, otro participante defiende que el embalse pasó del 13,5% al 100% de su capacidad en apenas dos horas y que, con ese margen, desaguar poco a poco no habría cambiado gran cosa, y que buena parte de la lluvia cayó directamente sobre los municipios situados aguas abajo.

Hay más cifras que se citan y no encajan. Se habla de 73 pueblos golpeados por las dos riadas. De la zona del Magro apenas se cuentan tres o cuatro muertos —uno de ellos, un ataque al corazón al conocer la muerte de su hija—, mientras la cifra global que se menciona para Valencia supera los 200. En 1982, según esos mismos mensajes, murieron 40 personas, pero solo 8 lograron indemnización tras 17 años de juicios. La memoria administrativa también se inunda.

¿Se avisó a tiempo a los vecinos?​

Hubo avisos. Según cuenta un vecino, su ayuntamiento le envió un mensaje por WhatsApp a las 19:37 h, con notificación a los pueblos de la ribera del Magro. La capital malagueña, dicen también los más críticos, estuvo mejor coordinada que en la catástrofe anterior. Pero la alerta roja es una cosa y la evacuación es otra. Avisar no es desalojar, y con el barranco del Poyo convertido en trampa, la distancia entre el mensaje y la acción se mide en vidas.

¿Por qué se habla tanto de Valencia en una riada de Málaga?​

Porque las dos catástrofes vienen pegadas. La DANA valenciana, con Paiporta y el barranco del Poyo en el centro, dejó una cifra de muertos que, según lo que se maneja en el debate, supera los 200 y una polémica sobre avisos que todavía coletea. La de Málaga se leyó como el capítulo siguiente: lluvia récord, agua en los bajos y una gestión municipal que, esta vez, llegó antes. Cruzar ambas permite ver qué falló en una y qué funcionó en la otra. La tentación de mezclarlas a conveniencia, también.

¿Quién paga los daños de la inundación?​

La respuesta corta es el seguro, que para eso se paga. La respuesta larga es política. Se argumenta que los presupuestos prefieren el metro ligero, el paseo marítimo y el parque infantil antes que el alcantarillado y la limpieza de cauces, porque el hormigón visible da votos y la tubería enterrada no la ve nadie. Que se meta en los presupuestos y que se vote, resume esa corriente.

El resto es ruido. Que si todos los partidos son iguales, que si el cambio climático lo explica todo —y también lo contrario—, que si los árboles talados o las supuestas máquinas del clima. Esta última no tiene más respaldo que el de siempre en estos casos: ninguno. Lo único que se sostiene sobre datos es que el cielo descargó como nunca y la infraestructura respondió como siempre.



Al final, el agua acabó retirándose. Hubo que vaciar los garajes y la polémica se fue, cómo no, por el sumidero. Hasta la próxima DANA, cuando alguien vuelva a preguntar si fue el cielo o la compuerta.
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Falla la infraestructura, no el clima40%
La lluvia batió todos los récords30%
Hubo fallos de aviso y gestión20%
Fenómeno extremo sin culpables claros10%
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