Cuando el equipaje vuela por los aires: la crónica de un maltrato consentido
Un vídeo que circula desde hace años muestra a empleados de handling lanzando maletas desde la cinta a la pista en el aeropuerto de Barajas. No es un caso aislado: maletas sin ruedas, asas arrancadas y rayones profundos son el pan nuestro de cada viaje. La pregunta es por qué lo consentimos.
El negocio de no cuidar las maletas
Las aerolíneas han externalizado la gestión de equipajes a empresas de handling que compiten por el precio, no por la calidad. Los trabajadores tienen tiempos ajustados para cargar y descargar, con salarios bajos y condiciones precarias. Como dice un conocido refrán del sector, “pagas con cacahuetes, contratas monos”. El resultado es que las maletas –sobre todo las grandes y pesadas– reciben patadas, lanzamientos y caídas desde alturas considerables. Un testigo asegura haber visto a empleados patear maletas en Madrid sin que nadie dijera nada.
¿Culpa del trabajador o del sistema?
Las posturas se enfrentan. Por un lado, hay quien justifica la brusquedad como consecuencia inevitable de la productividad: “si no quieres esperar dos horas, las maletas volarán”. Por otro, se señala que el problema es estructural: la empresa no forma, no supervisa y traslada el coste al cliente. El pasajero, atrapado entre la necesidad de facturar y el miedo a perder su equipaje, acaba por no reclamar. Quien lo ha hecho, describe un proceso de 30 minutos de papeleo que, a menudo, termina en una maleta nueva de la misma calidad –“una mierda”– que la rota.
La estrategia del pasajero: reclamar o invertir
Ante el maltrato sistemático, hay dos escuelas. La primera: viajar solo con equipaje de mano, aunque sea para semanas de trabajo; la ropa se compra o se lava en destino. La segunda: comprar una maleta semirrígida de buena calidad; un dependiente de 1,90 metros la tiró al suelo sin que se inmutara. Los que optan por lo último suelen reclamar y consiguen reposición pieza a pieza o una nueva, pero admiten que es una carrera de obstáculos.
Lo curioso es que la mayoría no reclama. Asumen el rayón como un战斗中. Mientras las aerolíneas sigan externalizando la gestión a empresas low cost en precario, lo barato sale caro. El pasajero lo paga en ruedas rotas y asas arrancadas. Y el círculo vicioso sigue girando.