Tulsa King: el duelo que salvó a la serie de su propia fama
¿Merece Tulsa King una segunda oportunidad? A juzgar por la evolución de su público, sí, aunque el camino ha sido cualquier cosa menos limpio. Lo que arrancó como un producto al que muchos despachaban con desprecio se convirtió, episodio a episodio, en una serie que esos mismos espectadores acabaron defendiendo.
El detonante hay que buscarlo en un duelo entre dos personajes concebidos como tipos duros sin matices: uno, con nombre de héroe mitológico, Patroclo, descrito como un adulto canallita; el otro, un mala leche de manual. La confrontación entre ambos cambió el tono de la temporada y los análisis pasaron de la burla al respeto. No todo el mundo lo vio igual: hubo respuestas que prefirieron la descalificación al argumento, pero hasta esas intervenciones acabaron confirmando que la serie había tocado una fibra incómoda.
Masculinidad en pantalla: de los gladiadores a Tulsa King
Parte de la discusión no iba sobre calidad, sino sobre a quién se dirige este tipo de ficción. La exposición de cuerpos masculinos en estas producciones no responde, para un sector de la audiencia, a un interés femenino, sino a un espectador masculino concreto. Un apunte que ya se hacía en los años cincuenta con las películas de gladiadores: el público de aquellas cintas siempre fue más variado de lo que el relato oficial quería admitir.
Tulsa King ha terminado haciendo algo que muy pocas series consiguen: convertir a sus propios críticos en defensores. La próxima vez que alguien la despache como un producto menor, que recuerde el duelo entre mañacazos. Porque fue justo cuando empezó a molar.